Lunes 10 de Septiembre de 2018 - 12:01 AM

Las gaseosas y la salud

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Columnista: Donaldo Ortiz Latorre

Es un hecho que las bebidas gaseosas son especialmente consumidas por niños y jóvenes. Se trata de bebidas saborizadas y ácidas (pH 2.4) que, por su misma composición, se están volviendo un problema de salud pública. Su penetración en el mercado es tanta que desplaza alimentos importantes, desembocando todo esto en un incremento en los índices de osteoporosis, problemas dentales, además de los más obvios problemas de obesidad, diabetes o cálculos renales. Esto lo han comentado colegas como Jaime Forero.

Para su preparación se usa agua destilada, azúcar, sucrosa o álmibar de máiz (el equivalente a 11 cucharaditas de azúcar), edulcorantes artificiales (benzoato de sodio, asociado al cáncer), ácido fosfórico (relacionado con la perdida de calcio), ácido cítrico (que genera problemas dentales), ácido málico y tartárico, cafeína, dióxido de carbono, sodio y colorantes. No le caben más. Las gaseosas dietéticas, por su parte, tienen aspartamo (200 veces más dulce que el azúcar). Podrán apreciar que está toda la química en una botella de agua, pero no al servicio de la vida.

Ahora bien, lo que uno se pregunta a la luz de esto es por qué su consumo no se haya prohibido o, al menos, restringido.

No la prohíben porque los empresarios, inescrupulosamente, no dejan. Con eso se hacen ricos y poderosos. Aquí, lastimosamente no prima el derecho fundamental a la salud, que se consigue sobre todo con políticas de prevención. No la prohíben, asimismo, porque para muchos es el “alimento de los trabajadores”. Tales cosas aseguraron senadores como Jorge Enrique Robledo y, de igual forma, el ahora presidente Iván Duque cuando iban a poner un tributo de 300 pesos por litro al consumo de estas bebidas. Lo económico primó sobre la salud pública y logró unir a dos orillas opuestas como lo son Robledo y Duque. El lobby de las compañías productoras se vino con todo y lograron frenar el impuesto “dizque regresivo”. Lo que demostraron con ello, no obstante, es que la salud de los ciudadanos no les importa.

Nota: ¿La policía y las autoridades civiles tienen alguna alternativa para atender la inseguridad?

Se sabe que hay casi 500 mil miembros de la fuerza pública y, sin embargo, la inseguridad está disparada. La realidad es otra.

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Autor: Donaldo Ortiz Latorre
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