Martes 14 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

Crónica de antaño

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Columnista: Edmundo Gavassa Villamizar

Leyendo la columna de Diva Criado sobre la prostitución recordamos viejas épocas. En nuestra ciudad siempre ha existido la prostitución, como en el mundo entero.

En los inicios de nuestra Bucaramanga, en la parte occidental existían las “Casas de citas”; por su desaseo las llamaban “el pulguero”; usaban alfombras echas con yute.

En otra época, el alcalde Villalobos, a pedido de la comunidad, estableció que las casas de “las niñas” tuvieran en la puerta un bombillo rojo, de esa manera los borrachitos sabían en dónde tocar y no confundirse con las direcciones.

Terminada la ampliación de la entonces tenebrosa calle 61, la prostitución se regó por toda la ciudad. El dispensario era un lugar de turismo para los estudiantes, porque podían ver en las interminables filas, las muchachas que iban por su carné de sanidad. Era un verdadero espectáculo por sus vestimentas y atracción sexual; mostraban las rodillas, pronunciados escotes y poses insinuantes. Repartían tarjetas con la dirección del establecimiento al que servían.

En la década de 1950 estuvieron de moda algunas residencias que se volvieron famosas; todas apodadas con nombres femeninos. Muy conocidos fueron los garajes “Morantes”, propiedad del muy famoso Jacobo Arenas. Luego, en las afueras de la ciudad, algunas fincas organizaron sitios de recreo que incluían cuartos para lo que sabemos.

Vinieron finalmente los moteles, las residencias y hasta los parques. La libertad de la mujer ha permitido que todo cambie. La juventud de hoy tiene relaciones y en su mayoría ya saben controlar la natalidad. Sin embargo, la prostitución continúa y es algo imposible de organizar, especialmente cuando la situación económica agobia a todos por igual.

La llegada de nuestros vecinos venezolanos agrava aún más la situación de las mujeres de “vida alegre”. Según la prensa han tenido que bajar tarifas por la competencia desleal que les toca vivir frente a las foráneas.

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Autor: Edmundo Gavassa Villamizar
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