Viernes 03 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

La economía en camiones

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Columnista: Eduardo Duran

Un informe de la Asociación Colombiana de Vehículos Automotores revela que el parque automotor de carga en el país se está envejeciendo cada vez más, y que todo por una absurda política que solo permite un vehículo nuevo por cada uno que se llegue a chatarrizar. En estos momentos el promedio de edad de los vehículos de carga está llegando a los 21 años, cifra que aterra y que deduce automáticamente una serie de complejidades para el país y para los colombianos. En primer lugar la ineficiencia de la operación es a todas luces evidente, pues se está haciendo con camiones obsoletos, de alto consumo de combustible, difíciles de transitar a buen ritmo, expuestos a permanentes fallas mecánicas y con unos altos niveles de contaminación ambiental. A esto debemos sumar que la inmensa mayoría del transporte de carga es precisamente por carretera, ya que dejamos acabar el ferrocarril, la navegabilidad de los ríos es deficiente y el transporte de carga en avión es exageradamente costosa. Igualmente se ha comprobado que en el 58% de los municipios no hay quien ejerza el control operativo y de mantenimiento. Todo ello ocurre por la supremacía que han tenido en este país los empresarios del transporte, que se niegan a facilitar medidas que permitan la renovación del parque automotor, so pena de amenazar con paros camioneros y por esta vía paralizar al país, pues el movimiento de la carga depende, en una inmensa proporción, de ellos.

Y le siguen de cerca en esta estadística los vehículos de pasajeros que ya están llegando en promedio a 19 años de antigüedad, con el agravante de que éstos transportan personas, y éstas se ven expuestas permanentemente a accidentes fatales por tener que transportarse en esta clase de automotores ya desgastados y con alto riesgo de fallas mecánicas.

En el análisis de este problema, encontramos que lo que falta es decisión política. Los intereses personales de los propietarios no pueden estar por encima del interés general, ni tampoco de las conveniencias del país para equilibrar sus objetivos económicos.

Pero además de esto, resulta totalmente incomprensible que no se hayan hecho los esfuerzos suficientes para que la red férrea vuelva a cubrir las principales rutas del país, permitiendo de paso un movimiento de carga masiva, a bajo costo y con un impacto evidente en la descongestión de las vías nacionales.

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Autor: Eduardo Duran
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