Martes 24 de Julio de 2018 - 12:01 AM

Alcabaleros modelo siglo XXI

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Columnista: Eduardo Muñoz Serpa

Promediaba la tarde. Transitaba en vías de Cañaveral cuando, de pronto, junto al puente peatonal que hay en inmediaciones de la edificación donde hay un supermercado Jumbo y un parqueadero público, en la paralela occidental de la autopista a Piedecuesta, surgió raudamente un agente de tránsito de Floridablanca y me ordenó parquear junto a unos conos de plástico, donde estaban otros dos agentes de la misma dependencia.

Cumplida tal orden pidió los documentos del vehículo y revisados estos se dirigió a una mesa que estaba puesta junto a las ventas ambulantes, debajo del puente peatonal, habló con 2 ó 3 personas que allí había, regresó con uno de ellos e informó que su acompañante, funcionario de la Gobernación, me haría un “emplazamiento para declarar”, pues aún no se había cancelado el valor del impuesto sobre vehículos automotores del año 2018, que se debe pagar al fisco departamental.

Leído tal “emplazamiento para declarar”, me percaté que por cada mes en mora en el pago de dicho impuesto el departamento cobra el 10% del total del impuesto como sanción, es decir, anualmente cobra el 120% del capital adeudado. ¿Tiene presentación que el Estado cobre una sanción de ese tamaño? ¿Acaso cobrar un “gota a gota” es gobernar atinadamente?

El departamento está cobrando tasas de usura, aprovechando que los colombianos no tienen memoria, y cada vez que hay elecciones votan por aquellos que llegados al poder dejan mucho que desear como gobernantes.

¿Qué destino real le da el Gobierno departamental a la inmensa suma de dinero que recibe por concepto de impuesto de vehículos? ¿Cuánto de él realmente se invierte en bien de la comunidad, cuánto en pagar sueldo a los amigotes políticos del gobernante de turno, cuánto se gasta en contratos y qué tan transparentes son estos? Muchas preguntas surgen, todas dejan mal sabor en la boca y el cobro es torpe, pedrero.

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Autor: Eduardo Muñoz Serpa
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