Lunes 21 de Mayo de 2018 - 12:01 AM

Montaraz o inculto

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Columnista: Eduardo Parra Gómez

De un tratado sobre sinónimos y antónimos extraje esta nota: “Montaraz se aplica a personas o colectividades sociales que carecen de cultura o actúan de manera socialmente mal calificada”. Sin duda las gentes montaraces son proclives a la violencia; violencia que en Colombia se está ejerciendo en múltiples formas y de la que estamos hablando diariamente. No se necesita explicar en un breve escrito como este tal multiplicidad de formas, pero sí estimo pertinente referirme a las continuas quejas de nuestros gobernantes sobre la incultura ciudadana, prima hermana de la violencia.

Entre quienes nos gobiernan, en especial los alcaldes de numerosas ciudades, dichas quejas ocupan un lugar preponderante entre los motivos que aducen para explicar las falencias en varios de sus proyectos. Y es cierto: si los citadinos procediéramos siempre aplicando algunos sencillos cánones culturales, además de facilitarles su labor a los alcaldes disminuirían la intolerancia y la violencia en nuestras urbes. Al efecto el profesor Antanas Mockus dio un ejemplo muy exitoso a todos los alcaldes posteriores, tanto de Bogotá como de todo el país; ejemplo que no quisieron seguir los mandatarios de muchas grandes y pequeñas poblaciones colombianas.

Sí ha habido fracasados intentos de lo que no escapó Bucaramanga. ¿Por qué? Creo que un “plan” de cultura ciudadana no puede calar en un alto porcentaje poblacional, si su diseño no se contrata con uno de los pocos consultores realmente conocedores de la idiosincrasia local y los métodos que deben aplicarse para lograr resultados satisfactorios. Mas los pocos expertos son muy costosos, al igual que un extenso periodo de implementación del plan. Y muchos alcaldes, así crean conveniente inculcar cultura ciudadana, contratan algo “baratico” o cancelan la idea, para destinar la “platica” a la represión: aumentar lo que aportan a la Policía Nacional y otras parecidas acciones que favorezcan su imagen; y claro, afirman que sus precarias ejecuciones no mejoran por la incivilidad de los gobernados y las escasas disponibilidades presupuestales. Pero lo evidente es que con tan notoria omisión estamos perdiendo todos: los ciudadanos y los mismos alcaldes!

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Autor: Eduardo Parra Gómez
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