Lunes 02 de Julio de 2018 - 12:01 AM

Cambiar de partido como cambiar de vestido

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Columnista: Eduardo Parra Gómez

Parece que los colombianos ignoramos algo tan evidente como es la importancia de la política y, por tanto, de los partidos políticos. Tanto es así, que gran parte de los ciudadanos se solazan con el desprestigio (justificado sí) de los partidos y se mantienen apartados de todos ellos. La explicación es tan conocida que no hay necesidad de traerla a cuento, mas son de tal magnitud las consecuencias de esa situación, que dentro de las propuestas de los candidatos a la presidencia dicho tema ha debido ocupar un lugar preponderante. Fajardo fue, tal vez, el único que planteó la necesidad de cambiar la forma de hacer política, tal como en todos los tonos lo predicó Luis Carlos Galán.

Es cierto que con frecuencia se plantea una “reforma electoral” y se hacen cambios secundarios e insuficientes. Pero lo necesario es mirar bastante más lejos; aquí sucede algo similar a lo que ocurre con la corrupción: las leyes y decretos no generan resultados contundentes. El problema es de carácter cultural, y por ello las soluciones tienen que girar alrededor de componentes educativos y formativos. Los efectos de tal clase de soluciones solo se aprecian luego de largos años; es por eso que ni los políticos ni la mayoría de los gobernantes se interesan en invertir en planes y programas realmente eficaces. ¿Entonces qué hacer?

En las últimas décadas hemos visto que con persistencia, divulgación, promoción en múltiples niveles públicos y privados, se lograron notables avances en la protección medioambiental. Es un ejemplo de lo que pueden la culturización y los movimientos ciudadanos, y algo similar debe ponerse en práctica en este país para temas como el combate contra la corrupción, la recuperación de las áreas deforestadas, la formación en valores y principios tradicionales, y la dignidad y decencia en las prácticas políticas. Retirarse de un partido político en razón de su patente desprestigio es muy entendible; lo que no cabe entender es que la renuncia sea para pasar a otro, tanto o más desprestigiado. Tampoco es de entender que en estos días los honorables congresistas le hayan negado la luna de miel al presidente electo.

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Autor: Eduardo Parra Gómez
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