Viernes 03 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

Gloria María González Gómez

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Columnista: Eduardo Pilonieta Pinilla

Morir es un destino universal, final e ineludible y a pesar de saberlo, cuando se presenta la partida de una persona cercana nos duele como si fuera la única que tuviéramos que sufrir.

La razón es que hay quienes, por diversas circunstancias, forman parte de nuestra vida pues de una u otra manera estuvieron con nosotros, compartieron algunos propósitos o simplemente lucharon acompañándonos en momentos importantes.

Gloria fue una de ellas, una mujer maravillosa con quien enfrentamos muchas batallas difíciles sin que jamás la viéramos enojada, pues su más hermosa cualidad era una sonrisa permanente que acompañada con su estupendo humor negro y el preciado don de su natural ironía le permitía decir, sin causar mayores rencores, lo que pensaba frente a las situaciones que afrontaba.

Tenía la capacidad de apaciguar la ira de las personas, y de eso sí que fuimos testigos de excepción y muchas veces pacientes de su buen saber hacerlo. Jamás le oímos una lamentación, pues siempre su actuar estaba precedido de una pícara sonrisa que todo lo decía, todo lo arreglaba y ayudaba a recomponer lo que ya estaba dañado.

Impresionaba ver con qué facilidad convertía en amigos a quienes por alguna circunstancia fungían como contradictores, utilizando su carisma para decir sin ofender lo que en el fondo eran verdades de esas que al ponerse de manifiesto incomodan a quienes se niegan a reconocerlas; por eso su vocación era y fue trabajar con personas y lo hizo toda la vida manejando el recurso humano de muchas empresas de la región, y colaborándonos a quienes tenemos esa actividad como profesión.

Amaba a su familia y se henchía de orgullo cuando hablaba de lo maravillosa que era.

La verdad: la extrañaremos inmensamente; nos hará falta su sencillez de vida, su alegría, su sonrisa, su manera de decir las cosas, el afecto a las personas que interactuaban con ella y lo más importante su honradez a toda prueba, su persistencia y la forma amable como siempre trataba a las gentes de su entorno.

Se perdió y perdimos todos un ser humano extraordinario. A su familia, un abrazo solidario.

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Autor: Eduardo Pilonieta Pinilla
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