Viernes 17 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

Las leyes son para acatarlas

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Columnista: Eduardo Pilonieta Pinilla

En nuestro folclor popular existe el aforismo que dice “Hecha la ley, hecha la trampa”, y aunque usted no lo crea, el mismo ha penetrado en el espíritu de los colombianos, hasta el extremo de que erradicarlo no ha sido una tarea fácil de manejar. La ley, independientemente de lo que pensemos, se expide para que la vida de los ciudadanos discurra dentro de un orden social preestablecido, y por lo tanto se dicta para ser cumplida, aunque algunas veces nos cueste trabajo hacerlo. Además, es un principio ético elemental el que los compromisos adquiridos deben honrarse, es decir, cumplirse y el no hacerlo trae unas consecuencias que terminan siendo un imperativo social. El ejemplo típico de esto son las obligaciones que implican pagos dinerarios. Si usted se compromete o se obliga a cancelar debe hacerlo pues de lo contrario es muy probable, lo obliguen y de muy diversas maneras. Pues bien, entre nosotros ha hecho carrera la cultura del no pago, que consiste en eludir los compromisos pecuniarios que se adquieren alegando infinidad de circunstancias, unas reales y otras no tanto, pero incumpliendo con la palabra dada, lo cual ha vuelto muy difícil el manejo de las relaciones contractuales en las cuales haya dineros de por medio. Lo grave del asunto es que el deudor, en lugar de enfrentar su realidad, termina convirtiéndose en enemigo de su acreedor y en un artista para encontrar mil excusas que justifiquen su conducta. Con frecuencia, las empresas se ven enfrentadas a los requerimientos de sus trabajadores morosos que pretenden eludir las consecuencias de sus incumplimientos, por ejemplo, pidiendo que se disfrace el pago de sus salarios para evitar un embargo en curso, asunto en el cual la única perjudicada será la empresa, si acepta esta clase de propuestas que implican un fraude a resolución judicial, un delito que lleva implícita una pena privativa de la libertad y una sanción pecuniaria, por lo que el favor puede salirles más costoso de lo que creen. De modo que respetemos la ley y así nos va mejor pues promulgada ésta, la única opción es cumplirla.

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Autor: Eduardo Pilonieta Pinilla
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