Jueves 23 de Febrero de 2017 - 12:01 AM

Almacenes de cadena

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Columnista: Epistolas Laicas

Conocemos con este nombre a los grandes almacenes, particularmente dedicados a la venta de productos de primera necesidad o de consumo popular, alimentos, electrodomésticos y otras variedades de alta demanda diaria. Y son precisamente estos almacenes los negocios que habiendo proliferado últimamente, han creado terribles congestiones de tránsito frente a su entrada principal y particularmente frente a sus bodegas o zonas de descargue de mercancía. Ni sus responsables ni la autoridad competente fueron precavidos y conscientes al analizar que se presentarían esas congestiones si no se disponía de una zona de descargue por fuera de los carriles regulares del tránsito público. Naturalmente que en una ciudad como la nuestra, sin autoridades suficientes, diligentes y honestas en materia de tránsito, aunque cumplan tales almacenes con dicha previsión, siempre los taxistas se adueñan de uno de los carriles del tránsito normal, generándose de inmediato frente a ellos las congestiones conocidas. Y no citamos nombres porque absolutamente todos en sus inmediaciones generan este problema que nunca han solucionado las autoridades.

Y el otro tipo de parqueadero que deben ofrecer es el subterráneo para sus clientes, si no gratis, sí con cobros equitativos porque de todas maneras deben evitar que los sinvergüenzas de siempre abusen de tal servicio convirtiéndolos en parqueaderos particulares de sus diligencias diarias. Sin embargo, el cobro de dicho servicio no debe esquilmar descaradamente el bolsillo de sus clientes, sino convertirse en un plus para incrementar sus ventas. El volumen de sus compras debe representar una cierta cantidad de minutos de gracia, de tal manera que se evite convertir el servicio de parqueo en un fastidioso sobrecosto.

Aunque nadie olvida los abusos que reconocidos personajes cometían con su generosa atención, Mercadefam seguirá recordándose como un almacén que fue digno de admiración, respaldo y preferencia. Todavía se le invoca con cariño y nostalgia.

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Autor: Epistolas Laicas
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