Martes 10 de Abril de 2018 - 12:01 AM

La feria de la Paloma

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Columnista: Francisco Bernate Ochoa

A más de un año de la firma de los acuerdos del Teatro Colón, hoy tenemos que la esperanza de la terminación de la guerra en Colombia naufraga en las nauseabundas aguas de la corrupción.

Lo habíamos advertido en diferentes espacios, la situación en la denominada Justicia Especial para la Paz, JEP, no podía ser más desalentadora.

Una corporación cuyos integrantes, en su gran mayoría, no tienen experiencia alguna en la administración de justicia, provenientes de las más diversas ramas del derecho, y, en algunos casos, consuetudinarios demandantes del Estado colombiano, era ya un motivo adicional para preocuparnos.

Pero la situación empeoró, cuando vimos que sus integrantes fueron posesionados sin tener funciones precisas en la ley, como se demanda de todo cargo público. Ya posesionados en sus cargos sin funciones, devengando altísimos salarios, muy pronto se asignaron, para cada despacho, el más elevado número de auxiliares de magistrado que tengan las corporaciones judiciales en Colombia.

Rápidamente, antes que los expedientes o los clamores de justicia arribaran al más costoso de los edificios del exclusivo sector de Bogotá en que opera -que es diferente a funcionar- llegaron los vehículos y los escoltas para los únicos magistrados de nuestro país cuya vida no corre peligro alguno.

Como si el panorama no fuera ya lo suficientemente oscuro, funcionarios de alto nivel recién posesionados comenzaron a postularse para otros cargos del Estado, dando cuenta que algo estaba funcionando muy mal al interior de la denominada JEP.

La semana anterior, conocimos las muy serias observaciones del Fiscal General de la Nación sobre supuestos hechos de corrupción en el manejo de los recursos de la paz, y la renuncia del Secretario General de la JEP, de quien esperamos, le cuente al país qué lo motivó a tomar esta decisión.

La tan anhelada paz para los colombianos es hoy esperanza para unos y fuente inagotable de riqueza para otros.

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Autor: Francisco Bernate Ochoa
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