Sábado 12 de Mayo de 2018 - 12:01 AM

Cortocircuitos cognitivos

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Columnista: Gisela Ruiseco Galvis

En psicología hay conceptos que sirven tanto para manipular al ser humano, como para nombrar fenómenos psicosociales y, con ello, intentar entender nuestro propio comportamiento. Tenemos, por ejemplo, el concepto de atajos cognitivos: cortocircuitos del pensamiento que nos facilitan vivir pero que distorsionan nuestra percepción. Me concierne aquí uno concreto: el considerar el momento histórico en el que estamos como una culminación natural: pareciera que todo proceso tuviera que llevarnos al ahora. Se trata de una distorsión cognitiva que nos lleva a juzgar el presente con indulgencia, a verlo como inevitable. Perdemos de vista que nuestro hoy es el resultado de muchas pequeñas decisiones y eventos que podrían haber tenido otros desenlaces.

Así, percibimos el estado actual de lo que llamamos capitalismo como dado, como único posible hoy. Pero es uno de muchos capitalismos posibles. Puede resultar sorprendente (por estar normalizado) que el capitalismo actual, el llamado neoliberalismo, tiene una historia muy corta: solo unos veinte o treinta años. Dogmas como la desregulación laboral y financiera o la reducción del gasto público, procesos que han permitido una escandalosa concentración de riquezas, e, incluso, dogmas más antiguos como el que dicta la función omnipresente del PIB, o la obligación de que la economía crezca perpetuamente, tienen una historicidad cuestionable en sentido positivo: son procesos que se pueden revisar. Como en efecto está sucediendo ya en muchas instituciones académicas y think tanks.

La distorsión lleva a simplificar la realidad, y a juzgarla erróneamente. Hoy en Colombia muchos perciben “el capitalismo” actual como única alternativa posible ante el "amenazante socialismo”, reducido en otro cortociruito al “socialismo” de Venezuela (no al de Noruega). Muchos votarán con miedo, defendiendo un statu quo que deberíamos, urgentemente, cuestionar, pues estamos en momentos en los que nuestras fuerzas tendrían que estar dirigidas a solucionar los gravísimos problemas medioambientales y sociales –íntimamente unidos– que enfrentamos globalmente, y no a perpetuar la actual estructura económica que es la causa del estado de emergencia del presente.

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Autor: Gisela Ruiseco Galvis
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