Sábado 26 de Mayo de 2018 - 12:01 AM

Megaproyectos y barbarie

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Columnista: Gisela Ruiseco Galvis

“Todavía somos unos indios”, frase que se oye en Colombia y que nos dice cosas sobre nuestro imaginario: colonialidad, racismo... la dicotomía creada entre civilización y barbarie. Ese “todavía” indica que nos imaginamos avanzando por un camino con meta visible: la civilización. Aunque a veces se pudiera pensar que vamos más bien en contravía. O como dice el filósofo Cornelius Castoriadis: “Esos países, llamados anteriormente, con una sincera brutalidad ‘atrasados’, y luego ‘subdesarrollados’, fueron cortesmente llamados ‘menos desarrollados’ y finalmente ‘países en vías de desarrollo’, hermoso eufemismo para significar que, de hecho, esos países no se desarrollan”. El ‘desarrollo’ es la zanahoria que va adelante del burro.

Los sacerdotes del desarrollo bendicen e imponen megaproyectos como el de Hidroituango, mientras la zanahoria promete mejor vida para todos. Allí, en nombre de la fantasmagoría del progreso, con arrogancia, se ignoraron en su momento las múltiples voces disonantes y se les envió el Esmad a los pobladores de la zona, como si no fuera a los ciudadanos a los que se deben el gobierno y sus políticas. Como toda clase dirigente en nuestros países de herencia colonial, también en Antioquia la promesa del progreso, el sueño de un bien mayor, permite el abuso: se considera daño colateral. Abuso ya centenario contra pueblos como el de los nutabes, despojados de todo después de la inundación, despreciados en sus reivindicaciones, derechos y saberes.

Es necesario, sí, cubrir la necesidad de energía de un país cuya economía crece. Pero no así. Ya el mundo se retracta de megaproyectos, cuyo gigantismo tiene demasiadas secuelas medioambientales y sociales. Concretamente, respecto a las hidroeléctricas, nuevas tecnologías de bajo impacto apuntan a energía hidroeléctrica nano y micro.

Algún día, ojalá, dejaremos la barbarie que dicta enviar fuerzas armadas contra la propia población. Cuando a golpes aprendamos que no lo sabemos todo, más bien diremos: ¡qué bueno que todavía somos unos indios! Aprenderemos que somos naturaleza y que destruirla es destruirnos.

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Autor: Gisela Ruiseco Galvis
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