Oasis

Hoy es un buen día para no aplazar una decisión que me da felicidad y paz: perdonarme y perdonar de corazón.
Hoy es un día radiante porque escucho la voz del cielo que me dice: Saca del alma rencores atorados y culpas dañinas.
Elijo internarme en los caminos del espíritu, quiero dejar las culpas y ponerme en paz con los otros.
Los odios viscerales y las culpas sólo me traen un cúmulo de problemas y me roban toda la energía.
Hoy elijo ver a los otros como hermanos y sé que todos fallamos y a veces actuamos con inconsciencia.
¡Qué bueno abrir las puertas a la compasión como siempre lo hizo Jesús de Nazareth!
Perdono, me perdono y ya no soy más un ser encadenado y abrasado por el fuego de la ira o la venganza.
Dios es mi auxilio y con su fuerza y su amor las cadenas se rompen, las heridas cicatrizan y llegan días dorados.
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No es tiempo para el lujo del enfriamiento o para tomar la droga tranquilizadora del gradualismo.
Es el tiempo de elevarnos de las arenas movedizas de la injusticia a la sólida roca de la hermandad. Es tiempo de hacer de la justicia una realidad para todos.
Sería fatal no percibir la urgencia del momento. Los que creen que el pobre sólo necesita evacuar su frustración tendrán un rudo despertar si la nación regresa a su rutina habitual.
No habrá tranquilidad hasta que cada persona tenga garantizados sus derechos.
Pero en el proceso de ganar nuestro justo lugar no deben darse hechos erróneos.
No saciemos la sed de libertad en la copa del odio y luchemos en el elevado plano de la dignidad.
Que la protesta creativa no degenere en violencia física; hay que resistir con la fuerza del alma.
Nota: Esta es una adaptación del inspirado discurso de Luther King en 1963: "Yo tengo un sueño".


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