Miércoles 14 de Marzo de 2018 - 12:01 AM

Oasis

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Columnista: Gonzalo Gallo

Whitney Houston fue encontrada muerta en la bañera de su hotel de Los Ángeles, en febrero de 2012.

La famosa y talentosa cantante tenía deudas por un importe algo superior a los cuatro millones de dólares.

En apenas una década había dilapidado una fortuna personal de alrededor de cien millones.

Su estilo de vida extravagante, su adicción al alcohol, los calmantes y la cocaína la llevaron a la ruina.

Su último millón lo dilapidó en un delirante periplo de varios meses por hoteles de lujo de Sídney, París y Londres.

Horas antes de morir llamó a una amiga para pedir prestados 100 dólares que, presumiblemente, pensaba gastarse en crack.

La vida de Whitney Houston, rica en dinero y pobre en amor, es un patético ejemplo del que debemos aprender mucho.

Es frecuente triunfar en lo profesional y fracasar en lo más importante: en el amor y en una vida serena y feliz.

Padre fuente de amor y paz, te amo y sé que me amas. Las muestras de tu amor infinito son constantes y están a la vista.

Mis plegarias, amado mío, no son para pedirte nada, simplemente son para expresarte mi amor, darte gracias y alabarte.

Son oraciones del corazón y no rezos repetitivos, porque las mejores plegarias son para amar, agradecer, alabar y aceptar.

Esas cuatro oraciones son las que quiero hacer hoy y siempre agregando una más: oración para perdonarme y perdonar.

Me enseñaron a pedirte perdón, pero tú no tienes que hacerlo ya que siendo Dios todo lo comprendes y no necesitas perdonar.

Algunos hablan aún de ti como un ser a quien hay que temer, que juzga y condena. Nada más absurdo.

Simplemente nos diste libertad y con ella cada cual siembra y recoge. Cada quien es libre para aprender con amor o con dolor.

Te amo con todo mi corazón y te doy gracias; te alabo, eres lo máximo, eres luz y paz, eres todo. Acepto mi realidad. Gracias por amarme infinitamente.

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Autor: Gonzalo Gallo
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