Miércoles 23 de Mayo de 2018 - 12:01 AM

Oasis

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Columnista: Gonzalo Gallo

Cuando no sacas tiempo para orar, relajarte, meditar, estar con Dios, cuidar tu alma y alimentarla, entonces tu vida es una maraña.

Lo material y el hedonismo te ciegan y haces locuras obnubilado, en un estado de inconsciencia, de ceguera espiritual.

En otras palabras, eliges evolucionar con dolor, a las malas, y Dios respeta tu libre albedrío, si quieres estrellarte.

Jesús describió perfectamente esto en su sabia parábola del Padre misericordioso y el hijo que le pide la herencia: Lucas 15.

Se la da y, en ese estado de oscuridad que crea el ego, parte, malgasta todo del peor modo hasta que los “amigos”, que no eran tales, lo dejan solo. Sufre, aguanta hambre, carece de lo que tenía en casa y entonces recapacita, toma consciencia y decide volver al hogar arrepentido.

El padre, que lo ama de modo incondicional, lo recibe jubiloso y pide que se haga una fiesta, “porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida”.

¡Tan claro!: Estaba muerto. Sí, muerto espiritualmente. ¡Ay!, así le gusta aprender al humano, a las malas, con dolor.

Tú sabes que tus mejores días son aquellos que son iluminados por el amor y enriquecidos por el servicio a los demás.

Y también sabes que los días más pesados han sido los más vacíos, días perdidos en la esterilidad de la desidia o la indiferencia.

Por lo mismo, en ese estado emocional que llaman infierno se meten los que no aman y siembran oscuridad.

Piensa en esta confesión que le aflora al novelista griego Nikos Kazantzaki, 1883-1957, en su edad madura:

“Tengo ganas de bajar a la esquina, extender la mano y mendigar a los que pasan: ¡por favor, dadme un cuarto de hora!”.

Algo que sentía no por culpa, sino por pasión, por las ansias de vivir plenamente que lo quemaban por dentro.

Golpea esa poderosa imagen de alguien que siente el deseo de mendigar cuartos de hora. ¿Es así como amas la vida?

Así la aman todos los que salen de su ego y se entregan a una misión de amor: personas que viven para amar y aman para vivir.

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Autor: Gonzalo Gallo
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