Miércoles 01 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

Oasis

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Columnista: Gonzalo Gallo

El pintor Vincent van Gogh, 1853-1890, tuvo una vida azarosa. Fue galerista, pastor protestante y misionero.

Vivió a veces en condiciones del todo paupérrimas, con una joven prostituta alcohólica y madre soltera.

No es cierto que no vendió ningún cuadro en vida, sí vendió litografías de sus primeras obras maestras, como 'Los comedores de patatas'.

Incluso disfrutó de una muy breve etapa de éxito, mientras residía en París, apadrinado por camaradas como el pintor bohemio Henri Toulouse-Lautrec.

No obstante, sí murió desorejado, loco de remate y sin un triste franco en el bolsillo, en la ciudad provenzal de Arlés.

Casi toda su vida sólo tuvo el apoyo material de su hermano Theo, galerista y marchante, que fue su único mecenas.

Murió con 37 años y, que ironía, no hace mucho un óleo suyo fue vendido en subasta por 67 millones de euros. La vida a veces es incompresible y nos pone frente a hechos que en realidad no logramos entender.

Las leyes espirituales son tan reales como las físicas y más poderosas. Algo que ignoran los que corren, compran o venden en un frenesí sin espacios de paz.

Las leyes espirituales sólo son conocidas por aquellos que cuidan el alma y trascienden lo material.

Sí, existe una realidad más profunda y el sabio se consagra a desentrañar su misterio y quiere saber para qué estamos acá.

Una de esas leyes espirituales dice que todo es pasajero y, por lo mismo, no hay que apegarse a nada.

Según otra ley, todos somos uno en Dios y los opuestos existen para complementarse, no para enfrentarlos.

Los opuestos en realidad están en la mente y nuestra misión es buscar siempre la unidad en la diversidad.

La Ley de la Compensación o del Karma es más conocida, y según ella cada ser recoge siempre lo que siembra, positivo o negativo.

Pero lo que importa no es conocer las leyes, es seguirlas y centrar la vida en el amor y en el cultivo espiritual. Profundiza esta sabiduría con mi libro “El sendero del espíritu”. (23)

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Autor: Gonzalo Gallo
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