Viernes 22 de Junio de 2018 - 12:01 AM

La voluntad general

Comparta este artículo ›

Columnista: Gustavo Galvis Arenas

La democracia es el mejor sistema político del mundo. El pueblo es el encargado de organizar el gobierno y todas las instituciones. Empezó con la llamada democracia directa en Atenas, siguió con la democracia representativa organizada en Europa, especialmente en Inglaterra y terminó con los Estados Unidos y Francia. Los ideólogos más destacados de este movimiento fueron John Locke, Juan Jacobo Rousseau, Montesquieu y muchos otros. En la democracia representativa el pueblo elige sus representantes y estos se encargan de legislar y diseñar las instituciones del Estado.

Juan Jacobo Rousseau hace un análisis muy interesante sobre la voluntad general y culmina diciendo: “De lo que precede se deduce que la voluntad general es siempre recta y tiende constantemente a la utilidad pública; pero no se deriva de ello que las resoluciones del pueblo tengan siempre la misma rectitud.

El pueblo quiere indefectiblemente su bien, pero no siempre lo comprende. Jamás se corrompe al pueblo, pero a menudo se le engaña, y es entonces cuando parece querer el mal…”. Sobre este tema debemos recordar algunos hechos históricos muy conocidos. Adolfo Hitler aprovechó las cenizas de la Primera Guerra Mundial y el Tratado de Versalles para estimular el pueblo alemán, los convenció que los judíos era una raza indeseable y los Arios la etnia que debía gobernar el mundo. Arremetió contra el Tratado de Versalles y por todas esas cosas armó la Segunda Guerra Mundial, con un fin desastroso para Alemania. Benito Mussolini, italiano y del equipo ganador de la primera guerra, “navegó” del socialismo a un nacionalismo extremo. Rafael Núñez convenció a los colombianos de la “regeneración fundamental o catástrofe” y lo que logró fueron tres guerras civiles. El doctor Laureano Gómez convenció a parte de los colombianos de lo negativo del gobierno de López Pumarejo y este tuvo que renunciar. Hoy se dice que el gobierno de López fue uno de los mejores de la historia. En política a veces se utiliza métodos parecidos a los del mercadeo. Para vender un producto los subliman a veces hasta el delirio, con el fin de convencer a los consumidores. Para llegar a la voluntad general se utilizan métodos de sublimación y busca el convencimiento de los electores. En consecuencia la voluntad general puede equivocarse. Pero para corregir errores hay que esperar cuatro o seis años.

Publicidad
Autor: Gustavo Galvis Arenas
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.