Viernes 03 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

Los caminos de herradura

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Columnista: Gustavo Galvis Arenas

Un recorrido por las calles de Bucaramanga es muy agradable. Tenemos una bella ciudad, con frondosos jardines, majestuosos edificios, algunos puentes que la hacen aparecer como una pequeña metrópolis, pero tenemos una falla notable, la mayoría de las vías son muy angostas y el pavimento se encuentra deteriorado en casi todos los barrios. Inclusive el suelo de los puentes tiene huecos y zanjas, que seguramente en un futuro serán peligrosos. Curiosamente nuestros administradores se preocupan por lo espectacular y no por el bienestar de los ciudadanos.

En 1979, hicimos un viaje turístico por Europa un grupo de abogados, entre ellos Miguel Narváez, Iván Ortega Mota y Gustavo Pinzón. Recorrimos Italia, Francia y observamos la calidad de las vías y el transporte. Había trenes, tranvías, autobuses en magnífico estado y eso hacía que el paseo fuera cómodo y fácil. Pero lo más curioso de todo, fue que me aparté de la excursión y viajé a Lyon, ciudad un poco más grande que Bucaramanga y centro histórico de la resistencia francesa cuando la invasión nazi. Allí había tranvía.

Pero Colombia es un país extraño, acabamos con el tren, igualmente con el tranvía y hoy vemos las dificultades tan grandes que existen con el transporte urbano en Bogotá y en otras ciudades del país. En Medellín tienen tranvía, porque sus congresistas y la ciudadanía logró que el Gobierno nacional le financiera este tipo transporte. Todavía en Bogotá argumentan la ausencia del tranvía, porque el 9 de abril incendiaron el último aparato de este transporte.

Cuántos alcaldes han pasado desde esa época y todavía luchan por mantener unos buses obsoletos y un sistema arcaico.

No esperemos a que dentro de cincuenta años nuestros descendientes se duelan porque las calles de Bucaramanga todavía estén deterioradas.

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Autor: Gustavo Galvis Arenas
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