Viernes 03 de Agosto de 2012 - 12:01 AM

Para prevenir la violencia contra la mujer

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Columnista: Instituto De Victimología Usta

Que una mujer fue asesinada por su esposo, que otra fue golpeada brutalmente por su compañero permanente, que a otra le arrojaron ácido en su cara, que un marido borracho abusó sexualmente de su cónyuge. Estas y otras formas de violencia contra la mujer están sucediendo a diario en nuestro medio y es preocupante que en lugar de disminuir, los hechos de esta naturaleza van en constante aumento. Ante la ocurrencia de tan despreciables comportamientos, no paran el repudio ni cesan las voces de protesta, las agremiaciones feministas reclaman con razón, se pide endurecer los castigos, la sociedad reprocha y la justicia quiere responder de manera ejemplar, sancionando a los desadaptados hombres que atentan contra las mujeres; pero todavía falta algo.

Desafortunadamente hemos terminado por creer que la judicialización y las consecuentes sanciones ejemplares son la mejor forma de combatir eficazmente la violencia contra las mujeres y olvidamos buscar el origen del mal, para tratar de erradicarlo o al menos menguarlo significativamente. Aunque es bueno, no basta ni será suficiente con acudir al Derecho Penal por considerarlo, erradamente, el remedio efectivo que soluciona todos nuestros problemas. La cuestión es muy de fondo y no de forma ni de medios, dado que, hoy más que nunca, vivimos en todos lados y a todo nivel una profunda crisis de valores surgida desde el interior de la familia.

Y como de la familia se trata, indudablemente deberíamos preocuparnos mucho más por la formación que les impartimos a los niños, que les brindamos a nuestros hijos, puesto que allí están los futuros y eventuales agresores de las mujeres. El buen ejemplo, la conciencia, la cordura, la racionalidad, el respeto, el diálogo y la armonía son fundamentales para que las normales y cotidianas desavenencias surgidas entre las parejas no trasciendan a los gritos, los improperios, los golpes y muchas cosas más; para que nuestros hijos no aprendan desde el hogar a ser violentos y a vivir violentamente. Pero no solo la buena formación en el hogar resulta esencial, también debemos preocuparnos por la educación en escuelas y colegios como llamados que son a contribuir en el proceso de moldear en su comportamiento a los hombres del mañana.

De no preocuparnos con seriedad, con suficiencia, responsabilidad y un buen ejemplo desde el hogar, por la correcta formación de nuestros niños, el día de mañana tendremos que castigar al hombre que no educamos en su infancia y lamentar, como siempre y entre otras cosas, la interminable violencia contra las mujeres.

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Autor: Instituto De Victimología Usta
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