Miércoles 25 de Julio de 2018 - 12:01 AM

Unas nalgas dignas

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Columnista: Isaí Fuentes Galván

Una verdadera tormenta política desató en el país la exhibición de nalgas que hizo el excandidato presidencial y ahora senador Antanas Mockus el pasado 20 de julio, durante el inicio de sesiones del senado.

De inmediato los sumos sacerdotes de la “moral y las buenas costumbres políticas” del país levantaron su voz de protesta contra lo que consideraron una “grave afrenta, una falta de respeto inaceptable” contra la majestad de la más pía, proba, límpida y transparente institución de la democracia colombiana.

Al leerlos y escucharlos reviví por un momento al pintoresco personaje que interpretaba el asesinado humorista Jaime Garzón: Don Godofredo Cínico Caspa. Con su acento puritano y patriotero, extremadamente moralista, agudo señalador de pajas en el ojo ajeno y experto ocultador de vigas en el propio, Caspa destacaba por aterrarse de las nimiedades mientras pasaba por alto los graves crímenes que por entonces ocurrían.

Lo de Mockus más que un acto de irrespeto, es un acto de simbolismo político inane, que en nada afecta la democracia y la institucionalidad del país, como si lo hacen algunos de los que allí se sientan cuando legislan contra los colombianos y trafican con sus necesidades.

Lo realmente sorprendente no es solo la valentía del viejo y enfermo profesor para denunciar y oponerse a la corrupción mediante actos simbólicos; como cuando le lanzó hace ya muchos años un vaso de agua a uno de sus más insignes representantes; sino la hipocresía y doble moral nuestra, que nos indignamos por unas nalgas desnudas denigrando hasta la injuria a su digno titular, pero no lo hacemos por el asesinato de líderes sociales, o por la muerte de los niños de la Guajira, o por los escándalos de Odebrecth y Reficar, varios de cuyos responsables están oronda y relajadamente sentados en aquél “sagrado recinto”, ellos sí, repletos de honores y dignidades inmerecidas.

Prefiero los actos simbólicos de Mockus a la respetable y decorosa hipocresía que con golpes de pecho y santiguaciones hipócritas consiente la corrupción.

¡Que vivan las nalgas de Mockus!

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Autor: Isaí Fuentes Galván
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