Martes 21 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

La desidia de Avianca

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Columnista: Jaime Calderón Herrera

Viajar se asocia con placer probablemente por la necesidad sicológica de romper la rutina, de demostrarnos a nosotros mismos que algo de aventura, nos reafirma. También por que percibimos mayor libertad, porque sabemos que nos aporta nuevas experiencias, nuevos conocimientos, nuevos entendimientos, porque nos aproxima a comprender y aceptar otras culturas.

Cuando comentamos con nuestros allegados que vamos a viajar por placer o incluso por razones laborales, surge el comentario: uy…qué rico…que envidia. Y aunque se nos atraviese un pensamiento escéptico, como aquel de que uno fuera de la casa sale a sufrir, la verdad es que viajar, aún por razones de trabajo es algo seductor.

Si viajas por río, la experiencia es estremecedora, ya sea por el paisaje de la naturaleza que surca el Magdalena o por la experiencia musical, gastronómica y visual de un crucero por el Sena. Por el mar, la aventura nos hace sentir el cortisol, y la experiencia en islas, playas y ciudades es gratificante. Cuando viajamos por carreteras en nuestro suelo o en tierras extrañas, recuperamos la capacidad de asombro. Si es por vía aérea, para algunos viajeros ocasionales, genera miedos y ansiedades de difícil control, pero para la mayoría es un modo eficiente y placentero.

Si el avión nos permite alcanzar sitios más lejanos en menor tiempo, hace rendir nuestra productividad abarcando mayor distancia con mejor uso de tiempo, si además es el modo de trasporte, de lejos más seguro, comparado con todos los demás, me pregunto: ¿por qué a Avianca no le importa y se ha convertido en un suplicio para sus clientes?

Si tienes un viaje internacional requiriendo conexiones, las necesidades del viajero poco importan ante la eventualidad de perder la conexión por causas atribuibles a la empresa o al clima. Los retrasos e incumplimientos de itinerarios son insoportables e inauditos en el último año. Las salas de espera, incluyendo las llamadas VIP, permanecen atiborradas. Avianca se ha ensañado en hacer perder productividad al país, y lo que es peor, pareciera complacido con martirizar a alrededor de un millón de pasajeros que trasporta mensualmente.

¿Aerocivil, Superintendencia y Mintrasporte tienen algo que decir?

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Autor: Jaime Calderón Herrera
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