Sábado 11 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

Optimismo

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Columnista: Jaime Forero Gomez

El trabajo del médico es una de las cosas más emocionantes y placenteras que nos ha dado la vida, obligando a mejorar y dar a cada ser, todo lo hermoso que puede tener la existencia. Compartir diariamente con decenas de personas y familias con niños con preocupaciones, enfermedades, miedos, temores, sueños, confidencias, dolores, risas es increíble. En ninguna otra profesión se tiene el diálogo, acompañamiento, confianza y espiritualidad que necesitamos. Cada familia con un niño es un mundo de emociones, expectativas, fantasías, confianza, risas, diversión, y por qué no: amor del verdadero sin prevenciones, simulaciones o falsedades donde la familia, el niño y el médico somos un mundo único, humilde, dónde una pregunta respondida o un tratamiento dado produce una sonrisa de felicidad acompañada de la palabra gracias. Esa sonrisa no tiene precio.

El optimismo es una actitud de la persona, bueno para preservar la salud física y mental y la misma vida. Seres más optimistas que los niños no existen.

En las últimas semanas, el optimismo ha vuelto a cientos de familias donde los sueños y fantasías ocupan el día a día de sus pensamientos. Se observa en las calles. A pesar de la enfermedad, las ilusiones y sueños reaparecen; una sonrisa de su rostro refleja la ilusión de un mejor momento y espacio para sus hijos. Los miedos y temores han desaparecido. El querer aportar algo para tener un país diferente es la ilusión de la mayoría, siendo conscientes que cada uno debe aportar “un grano de arena” para lograr la felicidad de los demás.

Todavía hay contratiempos superados, en muchos casos con el humor que nos caracteriza; se busca el lado bueno de las cosas olvidando tantos momentos de amargura que han tratado de imponernos. Ya solo hay minorías sumergidas en la apatía y desesperación, al no lograr seguir disociando dentro de las actitudes pesimistas que los caracteriza. Leerlos angustia; no evolucionan.

La sonrisa en los niños ha vuelto a aparecer, y es el reflejo del optimismo de los padres ante un mejor futuro. Patrocinemos esas sonrisas.

Busquemos esa felicidad. Colombia y nuestros hijos lo merecen.

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Autor: Jaime Forero Gomez
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