Lunes 28 de Octubre de 2013 - 09:36 AM

El sinsabor de la XXIII Cumbre Iberoamericana

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Columnista: Jerónimo Ríos Sierra

Entre las principales decisiones, se ha presentado la candidatura de la exvicepresidenta segunda de Costa Rica, Rebeca Grysnpan, como posible sucesora para continuar la labor al frente de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) del saliente Enrique Iglesias.

Asimismo, se han aceptado los nuevos esquemas de financiación para la celebración de las cumbres y el mantenimiento de todo el componente institucional iberoamericano. Un nuevo esquema de reparto en las cargas que se orienta en conseguir la paridad de cuotas de España y Portugal frente a América Latina y que, hasta ahora, ha sido del 70%-30% respectivamente.

Finalmente, se ha adecuado que los encuentros iberoamericanos se tornen bianuales a fin de que den secuencia a los encuentros CELAC-UE, igualmente, celebrados cada dos años. El imbricar y conferir mayor concordancia entre sí, sin duda, repercute positivamente en una alianza estratégica birregional que se ha venido afianzando en los últimos tres años.

Sin embargo, los retos siguen siendo relevantes. Se echa de menos un mayor compromiso de España y Portugal por “lo iberoamericano”. El sesgo paternalista sigue presente como lo sigue siendo la mala lectura que España ha venido realizando del escenario al otro lado del Atlántico.

Por ejemplo, es necesario, en esta mayor proximidad del espacio iberoamericano, plantear una sede de la SEGIB para América Latina, hasta ahora en Madrid, a fin de conferir mayor transferencia de esa aprehensión que debe fortalecerse en el imaginario colectivo iberoamericano.

Del mismo modo, hubiera sido fundamental robustecer la presencia de este enclave birregional, aprovechando el cambio de secretario general, con un expresidente latinoamericano. Abandonando así los candidatos de bajo perfil político y con mayor desempeño “funcionarial”. Un secretario general de alto perfil espolearía, sin duda, la impronta y la proyección internacional de este escenario. Además, un secretario que no siga evidenciando ese afán subrepticio de España por controlar una institución común a 22 Estados miembros.

En otras palabras, se debe acabar con la sensación que Iberoamérica es una creación española, y por eso la importancia que en la elección del nuevo mandatario, España sea un voto más y nadie piense en que está imponiendo formal o informalmente a su candidato, como parece, ha sucedido con la candidatura de Rebeca Grynspan.

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Autor: Jerónimo Ríos Sierra
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