Martes 12 de Noviembre de 2013 - 05:52 PM

“Más Arafat y menos Netanyahu”

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Columnista: Jerónimo Ríos Sierra

Ahora, transcurridos nueve años, laboratorios rusos y suizos apuntan a un envenenamiento por polonio, causa en su momento planteada a la vez que desmentida, y tras el cual, muy seguramente, estarían los servicios de inteligencia israelíes.

La muerte de Arafat coincidiría con los años de gobierno del conservador, líder del Likud en aquel entonces, Ariel Sharon, con quien siempre resultó difícil la exploración de vías de diálogo y entendimiento con el pueblo palestino, sobre todo, por la construcción del llamado “Muro de la Vergüenza” que, sobre territorio palestino, y sin mayor reprobación de la comunidad internacional, se erigió como medida preventiva frente a posibles ataques terroristas de Cisjordania. Un gobierno, en definitiva, en el que se hizo valer el poder frente al derecho, y la unilateralidad de Israel, amparada por Estados Unidos, frente a las artes cooperativas y en pro del entendimiento del carismático Arafat.

La actual noticia del asesinato de Arafat tiene lugar, nuevamente, bajo un gobierno de cariz ultraconservador, como es el constituido en torno a la figura de Benjamin Netanyahu y Avigdor Lieberman. Dos personalidades políticas enemigas de cualquier atisbo de entendimiento para quienes la religión y los designios históricos del pueblo judío son anteriores y están por encima de cualquier respeto al Derecho Internacional. Dos personalidades para quienes Arafat es denostado como una figura que murió “marginada de la propia esfera política palestina” y que no contemplan posibilidad alguna de un Estado árabe al oeste del río Jordán.

La comunidad internacional seguirá impasible frente a una situación que merece un drástico cambio y que es la llave para encontrar fórmulas de mayor reconocimiento y proximidad entre Oriente y Occidente. Estados Unidos sigue haciendo valer, por encima de todo, un interés geoestratégico y geopolítico así como un rédito electoral sin fondo. Europa, la llamada a ser bandera del soft power lleva desde hace años desaparecida de los escenarios en los que se espera, debe actuar, una potencia normativa global. Mientras, el conflicto palestino-israelí se enquista y qué difícil es vislumbrar salidas exitosas cuando, precisamente, lo que se necesitan son más Arafats y menos Netanyahus. Así, seguro, el mundo sería otro bien distinto.

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Autor: Jerónimo Ríos Sierra
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