Miércoles 18 de Noviembre de 2015 - 12:01 AM

Richard y Lucho: ¡Los chicos superpoderosos!

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Columnista: Jorge Figueroa

Durante 4 años el gobernador Richard Aguilar y el alcalde de Bucaramanga Luis Francisco Bohórquez, se dedicaron olímpicamente a violar el Código Nacional de Tránsito. Muchos fuimos testigos durante este mandato que concluye el próximo 31 de diciembre, cómo sus ostentosos vehículos blindados y la caravana de motocicletas de escoltas de la Policía y de la Dirección de Transito de Bucaramanga, rodaron por las calles y carreras de la ciudad haciendo y deshaciendo a su gusto, abriéndose paso a la fuerza, cerrando vías, circulando a altas velocidades y estacionando en cualquier lugar, dándose una prelación y privilegio que no les otorga ninguna disposición de tránsito.

El Código Nacional de Tránsito y las disposiciones ministeriales son claras, concisas y concretas: -Fuera de la caravana presidencial, ningún otro escuadrón de escoltas tiene autorización de alterar y bloquear el tráfico a su favor, así se trate de la importante y angustiosa misión de transportar a las primeras damas a la peluquería, gimnasio o supermercado.

Qué bueno sería entonces que los gobernantes que gozan de poder y autoridad reflexionaran y entendieran que el poder es efímero y que adicionalmente los carros blindados, los escoltas y choferes, los pitos y sirenas de sus caravanas no los suben de estatus y posición social dentro de la sociedad, sino que por el contrario, generan es rechazo y antipatía entre los ciudadanos, que deben padecer la prepotencia y atropello de sus autoridades al bloquear aún más la ya engorrosa y caótica movilidad.

Este simple hecho del comportamiento de nuestros gobernantes es un síntoma evidente del desorden de personalidad que ataca la cabeza y los egos de quienes ostentan poder. En la distorsión artificial de la realidad que les otorga la investidura, llegan a creerse superiores e infalibles, lo que los lleva a auto-otorgarse licencias morales para pasarse con arrogancia por encima de las más elementales leyes de convivencia ciudadana. Definitivamente médicos y psiquiatras deberían colaborar en diseñar protocolos y procedimientos para nuestros poderosos.

¡Los dejo, vienen los escoltas de Lucho a toda mecha, pitando… pan de cada día en la ciudad!

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Autor: Jorge Figueroa
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