Viernes 27 de Mayo de 2011 - 12:01 AM

El movimiento español

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Columnista: Jorge Humberto Galvis

El movimiento democrático que se vive en España tiene un profundo significado. La juventud se está manifestando en contra del esquema político y el modelo económico que tras haber sido destacado como la gran fórmula de progreso para los ibéricos, hoy es responsabilizado de la crisis que vive la Madre Patria.
Índices de desempleo sin reciente precedente y alarmante corrupción significan que el bipartidismo que rige desde que la dictadura fue sustituida por el régimen de monarquía constitucional, ya no convenza a la gente. El inconforme pueblo español culpa a los tradicionales partidos políticos por la difícil situación por que atraviesa una nación que hasta hace pocos años tenía gran proyección en la Unión Europea.
El alcance de la protesta puede tornarse de inimaginable magnitud. En el fondo el sentido cuestionamiento se dirige a los cimientos de la globalización económica, tendencia que sigue cobrando enormes bajas en empleo como consecuencia de su natural búsqueda de los factores de producción donde presenten menor costo. Ya lo había hecho la Europa comunitaria con el “no” a la Constitución Política continental; ahora, el movimiento español puede expandirse por toda la Unión, con trascendentales consecuencias.
Algunos han empezado a comparar lo que acontece en España con la revolución de 1968, pronunciamiento socio-político que se generalizó en el mundo. De otro lado, los hechos registrados en países africanos, donde multitudes hastiadas de la subyugación vienen clamando por democracia, logrando sacudir los cimientos de dictaduras enraizadas a lo largo de su historia. Los habitantes de distantes lugares del mundo han arreciado en sus juicios a las estructuras políticas y económicas. Se está exigiendo cuentas al ejercicio del poder.
Después del Consenso de Washington, se consideraba que se había logrado ya el modelo perfecto. La globalización, levantada sobre las bases del librecambismo aparecía como la panacea para maximizar la producción con eficiencia y eficacia, que permitiría además, con el incremento en la generación riqueza, redistribuir en procura del mejor estar de la población económicamente vulnerable.
El formato simplemente representativo ya no es aceptado. Los pueblos del mundo quieren democracia participativa en la que el poder político se desligue de intereses económicos del sector privado. Académicos, gobernantes y líderes de las organizaciones que agrupan las principales vertientes políticas del orbe, deben encauzar sus esfuerzos a la creación de un nuevo sistema, igualitario y justo, so pena de tener que presenciar regresos a épocas oscuras de totalitarismos que surgieron a la sombra de ilusiones socialistas.

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Autor: Jorge Humberto Galvis
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