Viernes 19 de Agosto de 2011 - 12:01 AM

Vientos de cambio

Comparta este artículo ›

Columnista: Jorge Humberto Galvis

Continúan las protestas en Europa. Tras los disturbios de Grecia y las marchas de España, Inglaterra ha sido escenario de disturbios. Las causas, aunque con matices nacionales, convergen en una argumentación central: el rechazo al orden establecido, como consecuencia de la situación económica. La eurozona atreviesa por su peor momento. El déficit insostenible en países de relativo menor impacto en el agregado, como Irlanda, Portugal y Grecia, ataca a ahora a España y a Italia, repúblicas cuyas economías, al tener mayor peso en la Unión, podrían arrastrar consecuencias funestas para la supervivencia del conglomerado. El malestar ciudadano, al tomar connotación generalizada, recuerda a la Europa de mediados del siglo XIX, cuando uno tras otro, los gobiernos tanto de antiguas potencias como de incipientes naciones, resultantes de acuerdos de postguerra, hacían frente a levantamientos originados en la oposición a los despotismos reinantes.


Hace pocos años las gentes del Antiguo Continente dijeron no a la proyectada Constitución Europea. Vinieron después hechos violentos en París, protagonizados por inmigrantes que sintieron vulnerados sus derechos. Tendencias xenófobas volvieron a tomar fuerza. La razón, también el estado de la economía. Desempleo creciente, disminución en la cobertura de la seguridad social, deterioro en el nivel de vida, en fin, empobrecimiento de los pueblos han ido caldeando el ambiente en una Europa que parecía finalmente haber alcanzado la paz. Ahora, cientos de miles de personas, en alto porcentaje con formación profesional claman por una profunda revisión de las instituciones de orden supranacional, que dominan el curso de sus regiones.


Siglo y medio atrás, la cuestionada era la forma de gobierno, la estructura política como un todo. Como respuesta a monarquías dinásticas e intentos de republicanismos, unos y otros a la postre, tiránicos por igual, el fermento democrático naciente hacia finales del siglo XVIII, se alzaba en revolución. Ahora, es una inmensa clase media en proceso pauperizante, que reclama un nuevo orden, justo, que brinde seguridad y estabilidad económica y social.


El sistema financiero es el principal protagonista de la actual crisis, al apartarse de la realidad productiva de las naciones, para dedicarse a estimular la especulación, bien a través del sector bancario, como en la circulación del capital, vía bolsas de valores. Lo más grave, es que en los períodos expansionistas, la riqueza devenida del auge, se concentra en muy pocas manos, mientras que a la hora del desplome, las quiebras se traducen en desempleo y pobreza, flagelos que golpean con mayor rigor a la población con menores recursos.


Bismarck atajó el socialismo con sus propuestas de seguridad social; Roosevelt, incrementando el gasto público, superó la depresión de los treinta; Keynes construyó el estado intervencionista para que el capitalismo corrigiera falencias y sobreviviera. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial cumplieron su papel tras la Segunda Guerra Mundial. Se necesita una nueva institucionalidad.

Publicidad
Autor: Jorge Humberto Galvis
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.