Lunes 21 de Mayo de 2018 - 12:01 AM

La JEP muere por su boca

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Columnista: José Manuel Acevedo

La determinación tomada por la Sala de Revisión de la Justicia Especial para la Paz de suspender la extradición de Santrich constituye un grosero desafío en nuestros tiempos. No parece concebible que en pleno siglo 21 los jueces terminen dictándose sus propias normas y tomando decisiones con base en los protocolos y códigos de procedimiento hechos a su medida.

En busca de respuestas y, creyendo estar equivocado, inmediatamente se conoció que un puñado de estos magistrados había tomado semejante determinación, recurrí al texto del acto legislativo que creó la JEP, me remití a la ley estatutaria que regirá la materia e incluso me contacté con los ponentes de ambas cosas y del actual código de procedimiento que apenas se está discutiendo en el parlamento para que me aclararan, como ciudadano, la situación.

Por ningún lado encontré la facultad para los magistrados de la JEP de darse sus propios códigos y, antes bien, supe que cuando algunos magistrados intentaron incluir la posibilidad de dictarse sus protocolos, el Congreso expresamente eliminó este artículo por lo inconveniente que resultaría.

Por eso –¡y por fortuna!– no pasaron muchas horas sin que la institucionalidad que todavía nos queda, reaccionara. Lo hizo el fiscal, lo hicieron los ministros del interior y de justicia, lo hizo el propio director de la Unidad de Investigación de la JEP y lo hará el procurador general, sin duda.

Al final, lo que está de por medio es el orden constitucional de una nación que se aferra a que la división clásica de los poderes públicos se mantenga y que no existan ‘supra-instituciones’ que hagan lo que les de la gana sin que nadie pueda controlarlas y exigirles cuentas.

Ya lo señalaba en este espacio, columnas atrás: los opositores no tuvieron que mover un solo dedo para que la poca legitimidad que le quedaba a la JEP se enterrara del todo. La JEP se quitó solita su piel de oveja, lo mismo que algunos de sus magistrados ansiosos de revancha y de inquisición, lo mismo que otros de ellos que pelaron el cobre por sus peleas de poder y lo mismo que algunos de sus defensores que cuestionaban el desbalance que creó la reelección en Colombia y ahora callan cuando un poder más grande que todos quiere imponerse caprichosamente por encima de la Constitución y de las leyes, solo porque concuerda con su ideología.

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Autor: José Manuel Acevedo
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