Lunes 06 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

El ‘derecho’ de las cosas

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Columnista: José Manuel Acevedo

La Corte Suprema de Justicia enfrenta una de sus pruebas más duras. Su responsabilidad consiste en procesar, nada menos, que a un expresidente de la República que como actual senador pudo haber cometido conductas ilegales en relación con algunos testigos. Aunque el país no conozca el expediente completo y los medios de comunicación apenas tengamosu la mayoría pero no la totalidad de esos folios, nadie puede decir con certeza si la Corte se precipitó, si cuenta con una prueba directa que resulte contundente o si, en ausencia de ella, archivará el caso una vez oiga a los procesados en indagatoria.

Lo que sí ha venido quedando claro es que existen unos cuantos sujetos en el caso de Álvaro Uribe yendo y viniendo en sus testimonios, acogiéndose al mejor postor, manipulando a los extremos y esperando pescar en río revuelto para lograr algún tipo de beneficio. También ha resultado obvio, aunque la propia Corte no lo haya querido ver, que no sólo Uribe debió haber sido investigado a fondo por la presunta manipulación de testigos sino que otros parlamentarios debieron ser esculcados con la misma dureza por su posible proceder. Frente a ellos pesan hoy importantes dudas que, si la justicia quisiera, podría averiguar y esclarecer. El derecho de las cosas indica además que la Corte tendría que proceder a nombrar rápidamente a los miembros de la nueva sala de instrucción especial que ordena el acto legislativo que entró en vigencia a comienzos de este año y que le permite a los aforados contar con doble instancia en el alto tribunal. De esa manera, no haría falta que prosperara la recusación presentada por la defensa de Uribe sino que automáticamente con esa nueva sala funcionando serían otros magistrados los que asumirían y revisarían el caso para ver si los tres que actualmente lo tienen acertaron en su llamado a indagatoria o si lo hicieron sin considerar todos los ingredientes de esta complicada receta.

Pero finalmente, si existiera un derecho de las cosas y las cosas se pusieran al derecho, la justicia recuperaría el sentido de la sana crítica testimonial y desecharía sin dudarlo aquellos personajes que han cambiado de opinión una y otra vez para concentrarse en la búsqueda de material probatorio sólido o recordar, si no, que la duda siempre favorece al procesado. No queremos juicios políticos sino investigaciones justas y la Corte tiene una enorme oportunidad de demostrar que es capaz de hacer lo segundo y apartarse de otras tentaciones.

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Autor: José Manuel Acevedo
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