Domingo 01 de Julio de 2018 - 12:01 AM

El buen vecino

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Columnista: José Ordóñez

jose@joseordonez.net

Qué difícil es tener un buen vecino. Lo he comprobado en las 24 casas en que hemos vivido el último año.

Que le baje el volumen a mi Ras tas tás que suena en los amplificadores de segunda que me vendieron los sonidistas de la campaña de Petro. Que mi perro deje de hacer sus necesidades en su jardín, más exactamente en el plato de comida de su gato. Que no les gusta que husmee y espíe sus conversaciones con la oreja en la puerta. Esa vecina como me hace un reclamo así, ¿qué cree? ¿Que puede venir a hablarme como le respondió a su marido en la discución de ayer a las 9:13 a.m.?

¡Pobre hombre! vivir con una mujer así de brava y una hija que usa las medias rotas, por lo menos eso se ve desde los binóculos.

El más grosero que me ha tocado fue el del Penhouse, el que puso la queja ante la administración cuando me pilló haciendo una suma con una puntilla en la pared del ascensor. Once y media de la noche, casi derrumba la puerta a punta de patadas. Me descargó una sarta de groserías e improperios que ni en las graderías del Alfonso López había escuchado. ¿Qué hice yo? Lo que debe hacer todo buen vecino, dejé que mi balbuceante cohabitario diera rienda suelta a su naturaleza santandereana. Cuando su enrojecida garganta solo soltaba lánguidos desgarros guturales y cesó la babaza de su boca dio media vuelta y se fue aún manoteando con la poca fuerza que le quedaba. Yo, cerré mi puerta tranquilo, como debe hacer todo buen conviviente y sentándome en mi sofá seguí tocando la trompeta en mi clase nocturna de todos los días. Jamás respondo una agresión.

Dejaron de prestarnos cosas, sobre todo desde que abrimos unas latas de atún con las tijeras de modistería de la vecina. Porque yo siempre devuelvo lo que pido prestado, inclusive la plancha del pelo donde nos encanta freir las tocinetas.

Ando buscando nueva casa, nuevo vecindario, si tienes una desocupada a tu lado no dudes en escribirme, estaré encantado de ser tu nuevo buen vecino.

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Autor: José Ordóñez
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