Domingo 08 de Julio de 2018 - 12:01 AM

El insomnio

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Columnista: José Ordóñez

Son las tres y veintiocho minutos de la madrugada. Usted, querido lector o lectora, debe estar en el cuarto sueño de la noche abrazando o babeando la almohada, con los ojos entreabiertos y tan despreocupado que ni control tiene sobre las descargas intestinales que solo la nariz de su pareja atisba y que devuelve con un leve empujón que ni advierte y que solo sirve para preparar la siguiente artillería estomacal.

Perdón por ser tan escatológico. De eso no quiero hablar.

Es que lo envidio de solo imaginarlo dormir esas reglamentarias ocho horas que los especialistas recomiendan mantener como hábito concienzudo de buena salud. Yo, aquí estoy, después de tres horas de pasármela dando vueltas y más vueltas en la cama decidí levantarme y tomar una pastilla… contra el mareo.

Es que ya sé que por más que ingiera una grágea para la ausencia de sueño no va a servir de nada. La señora Blanca, mi mamá, esa que tiene una nueva enfermedad para cada remedio que la ciencia farmacotecnia inventa, me ha dicho que no hay posología que valga, lo mejor es contar ovejas como hacían nonos y nonas en cada hacienda santandereana. Lo intenté. He contado ovejas, cabros cuando duermo en La mesa de Los Santos. Nada. La otra noche conté cincuenta y dos mil quinientas veintitrés ovejas blancas, doce mil novecientas veintiocho negras y apenas ochocientas amarillas que parecían del corral de la Colombia humana porque pasaron desfilando ordenadas por la izquierda balando por la calle acusándome de haber hecho no se cuantas matanzas para sacarles la lana. Las esquilé a todas, las metí al corral al estilo colombiano: peladas y aburridas. Cardé la lana, tejí ocho mil sacos, trece pantalones, doce bufandas, dos chales. Monté tres almacenes en el centro y dos en Sanandresito La Rosita, contraté empleados y como todo buen idustrial santandereano que se respete a las cuatro de la mañana debía más de ciento veinte millones de pesos a la DIAN, así quien duerme.

Si esto continúa voy a tener que meterme a senador para poder dormir por lo menos de día.

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Autor: José Ordóñez
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