Jueves 19 de Abril de 2018 - 12:01 AM

Diversidad sexual y religión, sí es posible

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Columnista: Juliana Martínez

“Dios nos creó diversos,” decía uno de los letreros en una manifestación a favor del diálogo entre la diversidad sexual y la religión en el marco del Foro Ciudadano de las Américas. El letrero, sostenido por un pastor, resume la experiencia de la coalición de la que hice parte: un ecléctico grupo de organizaciones religiosas y lgbt que nos sentamos durante tres días a encontrar puntos de encuentro, eliminar prejuicios mutuos y buscar la forma de dar voz y espacio a las muchas personas lgbt que son creyentes y a sus familias, y a las congregaciones que se esfuerzan por acogerlas. El diálogo fue increíblemente enriquecedor y las conclusiones son a la vez muy simples y muy complejas.

La principal es que los familiares y amigos de las personas lgbt tienen que salir del clóset y exigir respeto por sus seres queridos. Las congregaciones solo se transforman desde adentro y no podemos seguir pretendiendo que nuestra hija lesbiana, nuestro sobrino gay o nuestro hijo trans no existen.

Si seguimos ignorando los comentarios homo/transfóbicos de pastores y sacerdotes, ese silencio deja de ser neutralidad y se vuelve complicidad.

Por eso, es bueno recordar que sí existen espacios religiosos respetuosos de la diversidad sexual y de los derechos de las mujeres. Por ejemplo, la Iglesia Episcopal, la rama principal en Estados Unidos de la Comunión Anglicana, con alrededor de 2,4 millones de fieles y más de 400 años, ordenó su primer obispo abiertamente homosexual en 2003 y la primera mujer obispo en 2006; y la Iglesia Unida de Cristo también ordena pastores gais y lesbianas y en el 2005 se convirtió en la primera denominación cristiana en apoyar los matrimonios del mismo sexo.

Si todas las personas que tienen un familiar o un amigo lgbt abandonaran las iglesias que luchan en contra de sus derechos y apoyaran congregaciones incluyentes, la política y la sociedad serían otras, quizás más cercanas a los principios del Dios del amor. Recuerden, ser lgbt y cristiano no tiene por qué ser una contradicción; pero promover el odio y la discriminación en nombre de Dios sí debería serlo.

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Autor: Juliana Martínez
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