Jueves 12 de Julio de 2018 - 12:01 AM

Uniformes según identidad, no genitales

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Columnista: Juliana Martínez

El reconocimiento de la diversidad de género dio otro paso importante gracias a la Corte Constitucional.

En la sentencia T-143/18, la Corte falló a favor de un empleado trans que fue obligado a usar el uniforme femenino en su lugar de trabajo, porque ese era el sexo registrado en sus documentos oficiales. La Corte ratificó el derecho del empleado a usar la indumentaria que se alinee con su identidad de género, reforzando el cada vez más robusto precedente jurídico que prioriza la identidad de género por sobre el sexo asignado al nacer.

En el caso concreto, la Corte reiteró que las personas trans tienen el derecho “a la identidad, materializado en la posibilidad de vestirse, en un ámbito como el académico, laboral y cultural conforme a su propia determinación”.

Lo anterior es importante, porque la discriminación laboral es uno de los más grandes obstáculos que enfrentan las personas trans. Las cifras son escasas, pero un estudio de la Dirección de Diversidad Sexual de la Secretaría Distrital de Planeación de Bogotá indicó que el 79% ha sido discriminado en su lugar de trabajo, que el 40% debe cambiar su identidad de género en su lugar de trabajo y que solo el 5,3% ha firmado un contrato laboral alguna vez en su vida (https://sentiido.com/los-retos-de-la-poblacion-transgenero/).

Además, al reafirmar que la identidad de género de cada persona tiene que ser reconocida y respetada so pena de incurrir en discriminación, la sentencia podría tener implicaciones para colegios y otras instituciones que continúan utilizando uniformes diferenciados según el binario sexo/género. En aras de la construcción de una sociedad más incluyente e igualitaria, estas instituciones también deben ir educándose sobre, y preparándose para acoger, la diversidad de género.

Una vez más la Corte lo deja claro: es hora de que confrontemos nuestros prejuicios y entendamos que estos no justifican ni exoneran la discriminación.

Es hora de que entendamos que todos tenemos los mismos derechos y dejemos de intentar circunscribir y limitar la identidad y las oportunidades laborales y educativas de las personas a qué tanto estas se ajusten a nuestras propias preconcepciones del género y la sexualidad.

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Autor: Juliana Martínez
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