Jueves 23 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

¿Cuántos más?

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Columnista: Juliana Martínez

La semana pasada la Corte Suprema de Pensilvania publicó un informe que demuestra cómo la iglesia católica permitió y encubrió el abuso sexual de más de mil niños a manos de más de 300 sacerdotes entre 1963 y 2014. Los casos incluyen la violación de una niña de siete años en el hospital, y una red de pornografía infantil en la que los niños eran violados y fotografiados desnudos posando como Jesucristo https://www.nytimes.com/es/2018/08/15/pensilvania-abuso-sexual-sacerdote...). Los testimonios de las víctimas son desgarradores, pero no aislados y, lo que es más devastador, señala un patrón sistemático de encubrimiento.

Así lo demuestra el “manual de procedimientos,” un documento que explica a las diócesis cómo manejar estos casos a través de seis “mandamientos”, incluyendo el usar eufemismos para evitar la palabra “violación”, trasladar a los sacerdotes sin dar explicaciones para evitar el escándalo, continuar pagando la manutención de los curas violadores y, sobre todo, no acudir nunca a la policía (https://elpais.com/internacional/2018/08/15/actuadad/1534358442_781372.html).

El método funcionó, pues ni uno solo de los más de mil casos fue reportado por la Iglesia a las autoridades y en consecuencia ninguno de los violadores fue llevado ante la justicia para responder por sus actos, no solo inmorales, sino criminales.

En vez de proteger a los niños, la Iglesia eligió reiterada y sistemáticamente proteger a los pedófilos y, sobre todo, protegerse a sí misma. Esta conducta permitió que cientos de niños y niñas más fueran abusados sexualmente. Así lo demuestra el caso de un reconocido pedófilo quien, cuando por fin accedió a retirarse del ministerio, solicitó y obtuvo una recomendación de la Iglesia para su nuevo trabajo, en Disney World (https://www.nytimes.com/es).

¿Cuántos menores más tienen que ser abusados para que el Vaticano entregue a la justicia los violadores que sabe tiene entre sus filas? Y, sobre todo, ¿van a permitir los creyentes que su Iglesia siga protegiendo y dando refugio a pedófilos y violadores de niños? Si lo hacen, también ustedes serán responsables. Pretender no saber ya no es posible. Y no hacer nada al respecto no es obediencia o respeto. Es indolencia, doble moral o abierta complicidad.

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Autor: Juliana Martínez
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