Martes 10 de Julio de 2018 - 12:01 AM

Por el atajo

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Columnista: Libardo León Guarín

Aplacada por un tiempo la euforia del fútbol, algunas reflexiones de más no caen mal. Entre griterías de locutores y la “sabiondez” de analistas, uno de estos opinó que el comportamiento social de los hinchas colombianos en Rusia había mejorado, comparándolo con el anterior en Brasil.

La afirmación me recordó el consejo de viejos “a donde fueres haz lo que vieres”; y que una cosa es el Brasil carnavalero y otra la historia rusa. En términos más académicos es la afirmación sociológica acerca de los comportamientos aprendidos y no genéticamente heredados e inmodificables.

El genetista Emilio Yunis recientemente fallecido, apoyando a la sociología afirmaba que cuando los colombianos llegan a los Estados Unidos, en muy poco tiempo aprenden por dónde deben atravesar la calle, cero parrandas de miedo en los apartamentos, dónde abordar el transporte, para qué son las canecas de la basura. Resumiendo, a no ser los mismos guaches que eran antes.

En el caso ruso, el socialismo “aconductó” al ciudadano, más con el garrote que con la zanahoria también es cierto.

Las “avionadas”, por el atajo, disfrazadas de malicia indígena, como la del bebedor de aguardiente que quiso camuflarlo en binóculos allí, si las hay, no son la norma ni son síntoma de gran inteligencia. Hay que ver aquí cómo son las carteras de las mujeres metiendo trago de contrabando para que, a escondidas, todos beban.

Pretextando que somos latinos, nos damos a conocer más por el ruido y la rumba; esa es la imagen que suelen tener en Europa por ejemplo; colombiano que no cante y baile hasta el amanecer es un australopitecus; razón de la sin razón para considerarnos inferiores, con nuestros antepasados los africanos. Por ser de la misma raza humana y de cultura aprendida tenemos muchas capacidades para desarrollos más fundamentales, sin tener que abandonar la alegría.

Sin embargo, ya ha regresado la calma en un país paralizado por el fútbol, cosa que no se ve ni en Japón, ni en Inglaterra, ni en Bélgica, ni en Suecia, ni en Suiza. Los venezolanos siguieron vendiendo dulces en los semáforos haciéndole compañía al que traga fuego y al que hace cabriolas con machetes.

Y en “Cuadra play”, también todo siguió igual esperando la próxima.

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Autor: Libardo León Guarín
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