Martes 24 de Julio de 2018 - 12:01 AM

Un centenario olvidado

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Columnista: Libardo León Guarín

Como otras efemérides que no conviene políticamente recordar, la Reforma Universitaria de Córdoba (Argentina) o el Grito de Córdoba fue un acontecimiento de amplia repercusión en América Latina, ocurrido entre marzo y octubre de 1918; no falta quienes lo señalen como antecedente histórico del Mayo Francés (1968). Iniciado como movimiento que reclamaba el cogobierno con participación estudiantil, para que no se eligiera otra vez rector entre los mismos notables, terminó siendo un pronunciamiento con enfrentamientos -llámense debates y violencia callejera- entre reformistas y católicos. Dejó un manifiesto profundo en pronunciamientos, donde estudiantes mucho más comprometidos pedían algo más que graduarse. Entre otras expresa pensamientos retadores como “La juventud está cansada de soportar tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en sus conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el Gobierno de su propia casa”.

Pero, como queda dicho, fueron más allá: fue un movimiento político pedagógico de creación latinoamericana, que luchó porque la universidad fuera espacio para la ciencia, donde predomina la razón, y no para la confesionalidad, donde predomina la creencia. Se manifestó contra los imperios que seguían haciendo presencia, la gratuidad de la educación en manos del Estado y por supuesto la democratización de la educación entonces también privilegio de notables para notables. ¿Qué nos queda?

Por los años sesenta aún se hablaba en Colombia del Manifiesto de Córdoba; algunas de sus planteamientos se dieron en el siglo XIX con la introducción de las teorías de Bentham por el general Santander, después durante el radicalismo liberal y una vez fundada la Universidad Nacional también en la Universidad de Antioquia más tarde; las querían para la expansión de las creencias. Hoy, resumiendo, nada se habla de esto; la universidad se privatizó y en buena parte anda en manos de sectores religiosos o políticamente confesionales que ya ponen ministros y presidentes de la República. La Universidad con mayúscula, librepensadora, autónoma y crítica es la excepción, también porque la sociedad de mercado logró hacerla pragmática a su medida, que no fuera independiente sino bastión que capacita para el capitalismo. De ahí que de las 355 instituciones (¡!), llamadas de educación superior que dicen que tenemos a profesores y estudiantes, poco o nada les interesa saber sobre el Grito de Córdoba.

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Autor: Libardo León Guarín
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