Martes 31 de Julio de 2018 - 12:01 AM

Viejos olvidados

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Columnista: Libardo León Guarín

Este año ha sido de agitaciones electorales y electoreras, captaciones mediante promesas de campaña que no son siempre los programas de Gobierno; todo depende de si el Congreso aprueba, de si los bancos lo permiten, o de si a los factores reales de poder les conviene. Y como creemos que “escoba nueva barre bien”, los programas que se vienen realizando, que no suelen estar amarrados como políticas de Estado, pasan a ser relegados, abandonados, olvidados, sin continuidad. Lo importante es llegar predicando reformas tributarias, por ejemplo, sin haber siquiera hecho una evaluación de la última aprobada, solo dos años antes. Entre borrones y cuentas nuevas que tanto ilusionan a la galería, este año de promesas de reversa y conejos al horno, también tuvo sus olvidos.

En un país donde se engaña haciendo creer que entre más mujeres en el gabinete las cosas irán mejor o repartiendo los misterios por cuotas por todo el país o que si la juventud llega al poder hará otro tanto, ser viejo y pobre pasó a ser una doble desgracia; pocas menciones visibles se hicieron al tema en tantas campañas vistas, siendo como es un problema social de atención inmediata, aún más cuando el promedio de vida ha venido aumentando, y tanto el número cada vez menor de hijos como la dispersión familiar hacen que se trate de población altamente vulnerable también en Colombia. El gobierno inglés ha creado el Ministerio de la Soledad para diseñar políticas públicas que ayuden a solventar esta situación de desamparo. ¿Ha visto usted las casas geriátricas para los que alcanzan a pagarlas, como cárceles con rejas y en casas sin diseños apropiados para archivar viejitos? Eso sí; hay que sacarlos a votar como sea, así el candidato de las preferencias de quienes los llevan, no hayan dicho una sola palabra sobre la tercera edad.

Con pensiones de salario mínimo en su gran mayoría, que descontado el aporte para salud que reducida a su más mínima expresión, los ancianos también en Colombia desnutridos y solitarios, pésimamente atendidos por un sistema de salud salvaje, que van y vienen solicitando la cita, reclamando los medicamentos que no llegan cargando su historia clínica en bolsas que denuncian su estado de salud, cuando aún pueden hacer y tienen para el bus, merecerían ser tenidos en cuenta en un país de cristianos creyentes en que la caridad salvará el mundo.

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Autor: Libardo León Guarín
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