Martes 28 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

Como el camaleón

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Columnista: Libardo León Guarín

No solo el narcotráfico tiene patrones ocultos dejando a las mulas que pongan la cara; en las ventas callejeras, temprano en las mañanas, las camionetas distribuidoras evadiendo impuestos y pagando migajas por lo vendido, promueven las ventas en las aceras. Y en medio la corrupción de los funcionarios que se hacen los ciegos y las coimas. El fenómeno es bilateral: el corrompido que hace chanchullo y el chanchullero que acosa corrompiendo. Una patología social vieja, pero no por vieja deja de ser un cáncer que avanza con la misma velocidad que se vuelve exitosa.

¿Qué clase de país tenemos para que haya que promover consultas populares donde los ciudadanos digan si quieren la paz -¡Además negándola!- o si repudian la corrupción pero sin alcanzar el 30% del censo electoral para rechazarla? ¡Qué oso internacional hemos hecho! Por algo dicen que la formación política del electorado colombiano tiene tanta profundidad como la que tienen en champeta las monjas en un convento de clausura. Sin embargo, bien por lo del 99.1% sí; no se alcanzó vergonzosamente el umbral, pero fue herramienta pedagógica para reafirmar conciencia de rechazo. A largo plazo, resultaría más efectiva la educación como arma, pero orientada a quebrar el ideal de lograr éxito económico a cualquier costo, así sea corrompiéndose o corrompiendo.

Los sectores público y privado –del cual poco se habla-, vienen siendo permeados con tal fuerza, y descaro por procesos corruptores que ya ni jefes ocultos necesitan; se hace a la luz de ciudadanos insensibles que nada dicen, entre el miedo a denunciar y la normalización de lo anormal; la justifican diciendo “que roben pero que hagan obras” o que “como los de arriba lo hacen yo también puedo”; esa es ética de bandidos. Lo sucedido en la consulta del domingo, es solo el gran comienzo; como a la yerba mala hay que seguir dándole por las raíces. ¿Cómo que no son corrupción las donaciones de empresas a campañas de elección popular, incluída cuenta de cobro posfechada? ¿Y la propina, ahora “sugerida” porque es ilegal, para burlar salario digno al mesero? ¿Cómo que no es corrupción el “detallito” al maestro para que “pase” al hijo mal estudiante? Y mil formas de esta patología de colores cambiantes como el camaleón.

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Autor: Libardo León Guarín
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