Lunes 09 de Julio de 2018 - 12:01 AM

Carrusel Colombia

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Columnista: Luis Fernando Rueda

Hace unos días, en una entrevista concedida al canal CNN en español el escritor argentino Martín Caparrós reconocía que, cada vez que llegaba de vuelta a Latinoamérica, percibía que en este continente girábamos siempre, como cuando de niños nos subíamos en el carrusel de caballitos, sobre los mismos temas.

Es como si nos negáramos a superar nuestras propias tragedias, viejas y legendarias, partiendo de la pobreza, un denominador común del río Bravo para abajo. Porque sobre ella se han fabricado liderazgos que llegan al poder con el fin de construir proyectos de nación que, a la postre, resultan experimentos populistas que se miran al espejo para encontrarse rasgos similares. Alguien diría que son, justamente, los gobernantes que nos merecemos.

Aquí, en nuestro tiovivo, vamos para 20 años de estar girando sobre la figura de un liderazgo que se convirtió en una corriente política extrema. Como si fuera un déjà vu, la transición entre el experimento fallido del uribismo hacia la nueva aventura de gobierno, nos ha devuelto en el tiempo. En Colombia, la guerra se recicla y hoy, según las cuentas del Gobierno Nacional, en lo que va corrido del año se han asesinado 33 líderes sociales en un país que abrazó la oportunidad de hacer la paz pero que se le está escurriendo por entre los dedos de las manos.

Oenegés de Derechos Humanos presentan una estadística más dramática: 119 activistas muertos. Es como si en nuestro carrusel cabalgaran sempiternos los jinetes del Apocalipsis. No salimos de la espiral de la violencia y mientras el gobierno saliente, casi moribundo, se defiende bajo el argumento de que no existe sistematicidad en la cadena de homicidios, el entrante ha venido mostrando sus dientes, y de paso, sus alfiles. El regreso del uribismo purasangre al poder, con las mayorías en el Congreso, pareciera querer ponernos a girar sobre ese pasado.

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Autor: Luis Fernando Rueda
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