Lunes 16 de Julio de 2018 - 12:01 AM

Predicar con el ejemplo

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Columnista: Luis Fernando Rueda

Los aficionados al fútbol en todo el mundo nos hemos regocijado con la actuación de la selección nacional de Croacia, un equipo de “obreros” regados por clubes profesionales europeos, quienes durante este campeonato mundial en Rusia, que finalizó ayer, supieron dejar en alto el orgullo de un país joven, con apenas 25 años de haber sido constituido como república, luego de llegar a la final del certamen orbital.

Modric, Rakitic, Mandzukic, Perisic, Subasic y 18 guerreros más pasaron a la historia por haber dejado en la cancha hasta la última gota de sudor, muy lejos de la vanidad de otros futbolistas que llegaron iluminados por las luces de los reflectores pero que se fueron, más temprano, arropados por la sombra del fracaso.

Junto a estos “héroes de los Balcanes” surgió la figura de una aficionada que, sin importar su condición, le dio la vuelta al mundo como la animadora más especial del combinado croata. Kolinda Grabar-Kitanovic, de 50 años, se convirtió en el sujeto preferido por las cámaras de televisión, en cada juego de su selección, no por mostrar sus pechos, ni por su “derriere”, mucho menos por hacer la promesa de desnudarse si su equipo salía campeón, sino porque desde 2015 es la presidenta de esta nación, dignidad que no le ha impedido ser la principal embajadora de su representativo.

Videos sobre su presencia al lado de los jugadores, animándolos antes de los encuentros o celebrando cada triunfo como una más del equipo, difundidos por medio de las redes sociales, resultan exóticos en un deporte que sigue siendo machista. Y más exótico ha significado en estas tierras tropicales el hecho de que la primera mandataria de esta república compró sus entradas con meses de anticipación, de su plata, viajó en clase turista a las sedes de los partidos y, para más, no devengó salario durante los días que acompañó a su equipo.

Y eso aquí nos aterra. Viajar por cuenta del erario, hacerle pagar los tiquetes de avión a la cónyuge o pasar 20 días en Cartagena con la amante, en una “misión especial”, es apenas una practica normal.

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Autor: Luis Fernando Rueda
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