Domingo 18 de Octubre de 2015 - 12:01 AM

Jóvenes, ¿o borregos?

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Columnista: Manolo Azuero

Dice Sergio Fajardo, el gobernador de Antioquia, que quien paga para llegar, llega para pagar. En la práctica, en la disputa por el poder, como se hace la campaña (y sobre todo con quien se hace) también se gobierna. Por esa máxima, es que aquí el cuento de la transformación de la política de la mano de los jóvenes no es más que eso, un cuento. Lo de Jhan Carlos Alvernia en Bucaramanga y lo de Héctor Mantilla en Floridablanca, la tercera ciudad de Santander, es un embuste. Las estructuras de poder que sustentan sus candidaturas están compuestas por los mismos que ya han detentado el poder en la región.

A los que están encantados con las vallas de Jhan Carlos Alvernia, permítame recordarles lo siguiente. El ahora ex concejal Alvernia ha recibido en esta campaña, con bombos y platillos, al grupo del ex senador Luis Alberto Gil, al clan del ex gobernador Hugo Aguilar y a la tropa del gobernador Richard Aguilar. Además, los hermanos del candidato son viejos amigos de la clase política local, con interés por jugosos negocios que atañen al Estado.

Si Alvernia triunfa, ganará una dirigencia que ha contribuido en años recientes a que la política sea un ejercicio carente de dignidad, poco democrático, donde los ríos de plata y en algunos casos los pactos con bandidos pesan más que las ideas.

Al sur de Bucaramanga, en Floridablanca, lo del “renacimiento” en cabeza de Héctor Mantilla parece más bien un reciclaje. Mantilla, de raigambre conservadora, me dice que él tiene criterio y no se va a dejar mandar de nadie. Habrá que ver, pero lo cierto hoy es que su apuesta por la Alcaldía la respaldan políticos que representan lo mismo de siempre. El senador Bernabé Celis, el representante a la Cámara Fredy Anaya, el ex alcalde de Floridablanca Néstor Díaz y Doris Vega, entre otros, están en sus huestes. Hay dos explicaciones: o Mantilla no conoce la historia reciente de los políticos que lo respaldan, que no creo, o se está tragando un sapo –que tal vez lo pudra– para alcanzar el poder. Cualquiera sea el caso, es irresponsable y su propuesta pierde coherencia.

Son jóvenes, sí, pero con esos apoyos, ¿terminarán de borregos?

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Autor: Manolo Azuero
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