Domingo 01 de Noviembre de 2015 - 10:15 AM

Esperanza

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Columnista: Manolo Azuero

La esperanza, dice el diccionario, es el estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos. Si deseamos una democracia decente, lo del domingo pasado, aquí en Santander, nos tiene que colmar de esperanza. Hace años que aquello no parecía posible como resulta ahora. Por la quijotada de Leonidas Gómez en la carrera hacía la Gobernación. Y por el triunfo de Rodolfo Hernández en Bucaramanga.

De Leonidas Gómez, dirán, los más escépticos, que perdió; que Didier Tavera le sacó más de 80 mil votos; y que la familia Aguilar unida barría. Eso es cierto, como también lo es que Leonidas, con entereza, sin derrochar plata ni abrazar padrinos o maquinarias turbias, reivindicó la dignidad de la política santandereana. Ganó en Bucaramanga, en Floridablanca, en Piedecuesta, en Girón y en Los Santos. Y para ello no necesitó a un cacique criollo. No le hizo falta un liberal clientelista, tampoco un parapolítico ‘rico’, ni un gobernador abusando de su poder. Fueron 230 mil votos por él y contra quienes no estaban en su campaña, y sí en las otras. Un campanazo de cambio que no se oía hace mucho, un campanazo que retumba y aviva la confianza por un futuro mejor. Con todo lo ‘romántico’ que eso pueda sonar.

Hasta sus rivales deben estar sorprendidos con que un “aparecido”, que no repartió lechona ni billete, que no nos acosó con publicidad, que no chantajeó contratistas para rellenar reuniones, les diera una ‘tunda’ en la capital. Leonidas recogió 101 mil votos en Bucaramanga, 34 mil más que Didier y casi 21 mil más que Holger Díaz y Carlos Fernando Sánchez juntos.

Fuera de lo anterior, está el triunfo de Rodolfo Hernández en la Alcaldía (contra toda encuesta). Un triunfo apalancado por una campaña independiente y atípica, inspirada – dice su ideólogo – en la filosofía kantiana, que rompió con la dañina hegemonía liberal. Hernández llega sin un séquito de congresistas, concejales o contratistas detrás. Aterriza libre de compromisos con la rosca que ha manejado los hilos del poder. Por eso, se puede esperar -y se deberá exigir- que su gobierno sirva a los muchos y no a los pocos, sin importar cuánto ello incomode a los concejales (que merecen capítulo aparte en términos electorales).

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Autor: Manolo Azuero
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