Domingo 08 de Noviembre de 2015 - 12:01 AM

El Concejo

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Columnista: Manolo Azuero

El alcalde electo de Bucaramanga, Rodolfo Hernández, ha alterado el debate político en la región. No sólo por su inesperada elección, también por sus comunicados posteriores. La discusión que ha suscitado alrededor del Concejo es ineludible y no se agota en un solo matiz.

Hernández se fue lanza en ristre contra el concejal liberal Jaime Beltrán, por la presunta incidencia de este en la precaria gestión del Instituto de Salud de Bucaramanga (Isabú). Además, ha dicho que hará lo propio con otros colegas y copartidarios de Beltrán, como Uriel Ortiz y Henry Gamboa, ‘jeques’ tras bambalinas de la Secretaría de Educación y la Dirección de Tránsito.

La pelea temprana de Hernández porque se esclarezca la influencia de los concejales en las dependencias del municipio es apenas necesaria. La prensa lleva años contando cómo el Concejo ha sido cómplice de la desidia de los Alcaldes, y si algo se tiene que acabar para combatir la corrupción que carcome a Bucaramanga, es ese contubernio.

Esa causa demanda contundencia, pues Hernández se está enfrentando a un esquema arraigado en el municipio. Y la contundencia exige rigurosidad, pues no hay nada más débil y efímero que un grito sin argumentos. Por eso, fuera de lo que corresponda al periodismo (que para informar tendrá que escarbar los supuestos abusos de poder que están saliendo a flote), la ciudadanía deberá exigir que su gobierno publique y denuncie todo lo irregular que encuentre a partir de enero. Que esto no quede como un arrebato postelectoral.

Sin embargo, a pesar de todo lo anterior, en los abominables excesos de algunos concejales no se puede acabar la discusión. Ellos, los más cuestionables, también representan a comunidades populosas que, excluidas en la pobreza, han perdido la noción de democracia y los eligen con entusiasmo. La burocracia que manejan pesa, pero eso no lo es todo.

Hay adultos mayores que votan por estos concejales, porque ellos financian sus paseos. Madres que hacen lo propio, porque les pagan las primeras comuniones de sus hijos. Hay votos por regalos, por lechonas, por mercados, por fiestas, por torneos de fútbol, por favores efímeros.

Por eso, para transformar realmente al Concejo, Hernández tendrá que abolir la corrupción administrativa y también reivindicar, entre la gente, las razones de la democracia.

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Autor: Manolo Azuero
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