Domingo 22 de Noviembre de 2015 - 12:01 AM

Pobreza en el río

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Columnista: Manolo Azuero

El río de Oro es retrato de un desastre ambiental, pero no sólo por ello su nombre es paradójico. En Bucaramanga, al noroccidente, el valle del río es un albergue de la pobreza. Fuera de que se convirtió en el gueto de la vivienda de interés social, reforzando la segregación urbana, desoladoras invasiones lo han ocupado.

Muy al norte, donde el río de Oro se encuentra con el río Surata, para formar después el río Lebrija, en los márgenes del Café Madrid, en la verdadera periferia de la urbe, cientos de personas viven en pequeñas y precarias casas, algunas de ladrillo y muchas de madera. Alguna vez por allí pasó y sonó el ferrocarril. Un niño que recorre entre charcos el camino de tierra que atraviesa las ‘viviendas’ refuerza la dolorosa imagen y recuerda quiénes son los más perjudicados de este modelo que excluye a tantos a la más absoluta miseria.

No tan lejos de éste punto, en las inmediaciones de Villas de San Ignacio, de los proyectos de vivienda que acogieron a los damnificados de la avalancha del 2005, otra invasión ha nacido alrededor del río. Entre las abandonadas canchas que construyeron para los habitantes del sector y el cauce. Nuevamente un camino de tierra y casas estrechas, ‘ilegales’, de ladrillo, de madera y también de lata. Niños a la deriva, adolescentes drogados y los adultos sobreviviendo. Una nueva avalancha los podría matar y seguro borrará mucho de lo que construyeron.

La idea de generar, a partir de la tragedia de hace un década, un desarrollo urbano sostenible e incluyente en este sector, que transformara la vida de las familias más vulnerables, fracasó de manera estrepitosa. Por pura torpeza del gobierno.

Muchos dirán que no es noticia contar la pobreza. Sin embargo, estoy convencido de que en esta ciudad desigual, a veces clasista e indiferente, que se embriaga entre los indicadores de competitividad, las “mega-obras”, los “mega-edificios” y los intereses de los más pudientes, es fundamental resaltarla y sobre todo comprenderla en el territorio, en sus distintas ubicaciones, con sus matices. Ese es el primer paso para hacerle frente. Y el del Rio del Oro sí que es un eje prioritario.

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Autor: Manolo Azuero
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