Viernes 07 de Septiembre de 2012 - 08:21 AM

La clave

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Columnista: Martha Florez

Sorprende que dentro de la larga lista que se ha publicado de probables soluciones a la crisis de movilidad que experimentamos  los bumangueses, no se enfatice en una de las acciones más importantes, que es la educación ciudadana.

Kant, en sus tratados sobre pedagogía, nos dice que para materializar un ideal es necesario educar a las personas. Que este ideal debe estar entrañado en la naturaleza humana para poder extraerlo de ella. Es decir, que hay que educar en ciudadanía para obtener de los “humanimales”, expresión de Kant, lo mejor que como humanos tienen, desde su interior y no como imposición externa. ¿Y qué es lo mejor, según el filósofo?: El reconocimiento de los derechos de los demás, la denuncia de acciones anti-cívicas y la solidaridad con nuestros congéneres. Cuando a través de la educación se fragua ciudadanía, las personas nos sentimos ciudadanos y generamos pertenencia por una comunidad, aspectos necesarios para cumplir las conductas anteriormente enunciadas.

Es indispensable entonces, educar para forjar ciudadanía y poder construir comunidad, es decir causa común, en el caso que nos ocupa, desenredar el caos de movilidad que nos agobia. Kant plantea la educación ciudadana en tres dimensiones: La primera, las habilidades, o el aprendizaje de los medios que es preciso adoptar indeleblemente para alcanzar unos fines. La segunda, la prudencia, necesaria para aprender a adaptarnos a la vida en sociedad, ser reconocidos e influir positivamente en ella. A esto se le denomina civilidad o el arte de las buenas maneras, la amabilidad y la prudencia en los comportamientos ciudadanos. La tercera, la moralidad, necesaria para aprender a convivir con justicia, atendiendo no solo las necesidades propias, sino también las de los demás.

La educación en ciudadanía también nos enseña que los bienes del estado, llámense materiales (calles, aceras, parques) o inmateriales (organización, tranquilidad, esperanza), son para el disfrute de todos, y nadie puede apropiarse exclusivamente de ellos. Las soluciones a problemas tan agudos como el de movilidad, que parten de la educación ciudadana, deben superar el egoísmo, el oportunismo, las endogamias, los amiguismos y el nepotismo. Mockus en Bogotá nos enseñó que con imaginación, disciplina y planeación, se puede educar en ciudadanía, para con el concurso de todos, desarrollar una ética cívica encaminada a la construcción y el pleno disfrute de ciudad.

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Autor: Martha Florez
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