Miércoles 03 de Noviembre de 2010 - 12:01 AM

Dignidad

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Columnista: Martha Florez

La lectura del libro de Ingrid, me llevó a elaborar dos reflexiones en torno al comportamiento que usualmente tenemos con las figuras públicas: La primera es que tendemos a exigir que estas personas sean ángeles, es decir perfectas, lo cual es imposible, dado que son de carne y hueso como cualquier mortal y por lo tanto falibles. La segunda es que sobre ellas elaboramos juicios no a través de la razón, sino de las llamadas emocionales, y las condenamos sin miramientos, lo cual es a todas luces injusto. Por estas razones, creo yo, se ha rechazado a Ingrid y algunas personas no han comprado su libro.

Personalmente, he disfrutado enormemente de su lectura y reflexionado sobre la naturaleza humana. Recordé leyéndolo, las investigaciones realizadas por connotados psicólogos, que describen como el ser humano, cuando es sometido a situaciones límite, sin importar género, nivel económico o educación se transforma y recurre a sus pulsiones más básicas, para satisfacer las necesidades de supervivencia. A la luz de estas evidencias, es incorrecto tildar de buenas o malas a personas que son secuestradas y sometidas a toda suerte de vejámenes. Admiré a través de sus páginas la lucha de Ingrid por la defensa de su dignidad. Trató de escapar en seis oportunidades y permanentemente se levantó con entereza frente a los insultos, las burlas, la sevicia y tratos crueles e inhumanos de sus secuestradores. Les demostró sistemáticamente, que al ser humano no se le puede tratar de cualquier modo porque tiene dignidad y no precio, atributo común a todos y sin cuyo reconocimiento y consideración, no se puede ejercer la libertad y la justicia. Me conmoví profundamente frente al relato detallado e íntimo de sus emociones, y la confrontación intensa que realizó de su propia persona y humanidad. En forma valerosa descubre sus propias carencias y debilidades, lucha por entender las de los demás, y superar las propias para perfeccionarse como ser humano. Me repugnó la crueldad a la que puede llegar la guerrilla, que con sevicia irrespeta a las personas y a la naturaleza, y con crueldad somete y debilita a sus capturados. Ingrid desenmascara la ignominia para no dejar duda e incentivar el rechazo colectivo.

“La persona en tanto que persona tiene una dignidad y esa dignidad requiere un trato ético y un tipo de relación cualitativa que se concreta en una serie de modos de proceder” Francesc Torralba i Rosselló.

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Autor: Martha Florez
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