Viernes 24 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

¡Que no sea un muerto más!

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Columnista: Miguel Angel Pedraza

Hace dos meses la ciudadanía bumanguesa quedó conmovida por el ruin asesinato del joven abogado Diego Armando Amaya López, quien fue atacado a puñaladas por un grupo de sujetos pendencieros dentro de un bar de la zona conocida como “Cuadra Play”.

Era la época del Mundial de Fútbol y ese día la gente celebraba un triunfo de la selección. Pero más allá del jolgorio, el hecho cierto es que el jurista y sus acompañantes fueron agredidos vilmente por unos bandidos armados de cuchillos, quienes sin mayores motivos provocaron una gresca que resultó fatal. Dos de ellos fueron capturados, aunque faltan otros dos.

El hecho se trató, sin duda, de un homicidio agravado, y de esa forma jurídica les fueron imputados los cargos a los capturados. Resultaba evidente la agravación del delito, tanto por el motivo insignificante como por la indefensión de la víctima. Es lo que se llamaría un homicidio doblemente agravado.

Mientras la sociedad reclama un castigo ejemplar y los familiares de la víctima procuran que se haga justicia y se conozca la verdad, ahora se sabe que uno de los detenidos pretende llegar a un preacuerdo con la Fiscalía para responder por un delito de homicidio simple, pactando una pena bastante menor. Una negociación del crimen, en donde lo grave se vuelve simple y se obtienen beneficios punitivos.

Nadie discute que la figura de los preacuerdos es admitida en el proceso penal y que por esa vía los casos se resuelven de forma expedita y se logran condenas. Tampoco está en discusión que varias de esas negociaciones han sido benéficas para la justicia. Esos pactos son válidos, pero también tienen límites, y en este caso los límites están demarcados por la brutalidad de los propios hechos y porque se sepa toda la verdad.

El homicidio del abogado Amaya López fue abominable, un vulgar desprecio por la vida ajena, y por eso la sociedad espera una sanción en su justa proporción. De ninguna manera puede convertirse en un muerto más. ¡Claro que no!

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Autor: Miguel Angel Pedraza
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