Martes 17 de Julio de 2018 - 12:01 AM

¡Que viva la música!

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Columnista: Mónica María Moreno Mesa

Nacimos para vivir. Nacimos para equivocarnos. Me encantan este tipo de historias. Todo se vale. No se juzga: una amiga tuvo un novio rockero y él le enseñó de Cerati, Supertramp, Guns N‘ Roses y de Los Rodríguez, entre muchos. Ella se dejó deslumbrar por este músico, por la pasión con la que hablaba y por las canciones que le dedicaba. Cambió sus tacones de ejecutiva por botas negras para acompañarlo en sus toques. Dejó a sus amigas de club por mechudos de taberna y su vino tinto por cerveza. Cambió tanto, que se le olvidó quién era realmente.

Hasta que el susodicho consiguió otra alumna. Y se le reteñían estas letras de Andrés Calamaro: ¿“Sentiste alguna vez lo que es tener el corazón roto? ¿Sentiste a los asuntos pendientes volver, hasta volverte muy loco? Si resulta que sí, si podrás entender, lo que me pasa a mí esta noche. Ella no va a volver y la pena me empieza a crecer adentro…”.

Era un crimen perfecto lo que su músico le había hecho a su enamorado corazón.

Y es que es ahí cuando perdemos, cuando forzamos una vida que no es la nuestra. Y no es culpa del tipo, pero tampoco de mi amiga, porque ella decidió apostarle a su sueño de película que la hacía salir de su zona de niña buena. Falló en olvidarse de sí misma, de sus gustos, de sus espacios. Llega un momento en el que nada cuadra y toca volver a la realidad. Esto no implica que no se arriesgue. Claro que hay que lanzarse al agua, pero sin perder la esencia. Esa que hace que nos miren, nos conquisten y nos enamoren. Hay que construir sin olvidar que somos independientes, tenemos sueños y tenemos miedos. Esos son nuestros. Mi amiga se fue a París a pasar su tusa. Y encontró otro músico. Esta vez era un cantante lírico. Pero aprendió.

Ahora va a sus conciertos pero no deja de oír a Calamaro, su gran herencia amorosa. No deja de aprender sobre Bach y Mozart, pero sigue pidiendo cerveza cada vez que tiene calor, así, su fino novio solo tome vino.

Ya llevan dos años y se complementan. Eso sí, descubrió que lo suyo es la música. Que la música y el amor van de la mano. Y que la vida se vive mejor bailando y cantando.

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Autor: Mónica María Moreno Mesa
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