Martes 28 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

El recreo sexual

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Columnista: Mónica María Moreno Mesa

monicamariam@gmail.com

Soy de una generación de mujeres que casi no hablaban de sexo con las amigas y mucho menos con la mamá. Muchas, por no decir todas, salimos vírgenes del colegio. La más atrevida tenía muchos novios, y la cosa no pasaba de los besos y una que otra “bluyineada”.

Después, de adulta, vine a conocer los juguetes sexuales. Hace unos tres años, una amiga hizo una reunión con una sexóloga, quien nos enseñó todos los juguetes que existían y estaban al alcance de nuestras manos. No eran solo objetos de ambientación de películas porno. Estaban ahí, listos para que nosotros los descubrieramos, sin importar nuestra edad o situación sentimental, ni siquiera nuestra experiencia.

La más avanzada y lanzada además de los juguetes, compró disfraces de coneja, mesera, enfermera y colegiala, para sorprender a su pareja. Pero otras no sabían que había tanta variedad para el disfrute. Sin ir muy lejos en materia de ingenuidad, quiero contarles que una de ellas, que ya pasaba de los 40 años y se había casado, compró un disfraz de playboy y unas bolas chinas, un juguete sexual y terapéutico para fortalecer la musculatura de la pelvis. Eso nos explicaron. Ella, valiente, las compró. Nunca las usó. Las guardó en el cajón de los recuerdos. Hace unos días la visitó una de sus tías, de esas que quieren opinar y reorganizar la casa. Por casualidad encontró las bolas y las sacó para ponerlas como objeto de decoración. “Esto tan lindo, no vale la pena que esté guardado”, dijo. Mi amiga quería morirse, no encontraba cómo explicarle a su nueva pareja, y a sus invitados por qué estaban sobre una de las mesas de su apartamento. Aunque nadie lo notó, ella estaba del color de un tomate. Así fue que me confesó que nunca fue capaz de usarlas. Que ella nunca había usado un consolador. Que jamás se masturbaba. Nunca se dio esa oportunidad. Empezó a vivir su sexualidad después de vieja. Hasta el año pasado se puso el disfraz y le costó mucho. Hasta hace unos meses pudo descubrir otras maneras de sexualidad. Ha sido emocionante para ella y para mí, porque me doy cuenta que nos criaron tímidas y miedosas para el sexo.

Así que amigos, novios, esposos, amantes, los invito a ayudar a sus parejas a abrirse, a jugar, a explorar. Sólo la confianza y el trabajo en equipo logran quitar estos tabúes. El sexo en pareja es mejor, si es sano y liberador.

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Autor: Mónica María Moreno Mesa
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