Martes 11 de Septiembre de 2018 - 12:01 AM

El arte de “No hacer nada”

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Columnista: Mónica María Moreno Mesa

monicamariam@gmail.com

Me educaron con la premisa de que “no hay tiempo para perder”. Que las horas de ‘locha’, cuando no se hacía otra cosa que ‘nada’, era un tiempo irreparable. Y puede que sí. Esta sociedad es implacable. Muchas mujeres sienten remordimiento por dejar de atender al esposo, a los hijos o al trabajo. Su única opción para parar es enfermarse. No estoy de acuerdo. Defiendo la idea de mirar al techo y ya. Otras para no quedarse en casa van al gimnasio, a misa o se reúnen con las amigas. Pero ese tiempo de ellas con ellas no existe. El de la soledad, el de no hacer nada. Ese también se vale. Y no solo se vale, ¡se necesita! Por eso dicen que las mujeres que no son madres están mejor, porque tienen más espacio para ellas.

Sin embargo, todo se puede lograr con una pareja amorosa y unos hijos comprensivos que entiendan que las mujeres también necesitamos de ese tiempo. Es justo que un día se nieguen a cocinar o a llevar los hijos al colegio. Un día que no quieran hacer nada, y que ni ellas ni nadie las juzgue.

Esta sociedad es tan exigente con las mujeres, que si no dejan todo limpio, perfecto y sonríen, son malas. Eso hay que revaluarlo. Las mamás también se equivocan. Me llama la atención que son ellas mismas las que no se permiten errar y descansar. Ellas mismas se sienten mal. ¡Amigas, mamás: no hay perfección! Ese tipo de mujeres solo aparecen en las películas. Las mujeres reales son las que están con nosotros, las que ríen, las que lloran, las que se peinan y también las que un día no se arreglan. ¡Dense tiempo... Pero desde el corazón!

Hay un concepto oriental que está tomando mucha fuerza con esta ola de angustia y perfección de occidente. Se trata de Wu-Wei, que significa: no-acción, inacción, no hacer nada. En este estilo de vida no hay esfuerzo, se fluye naturalmente. Y advierte quienes lo siguen que si pretendemos no hacer nada, también hay esfuerzo. Lo ideal es relajarse y abandonarse. No obligarse. Y si, se logra, cuando vuelva a la acción seguramente tendrá más fuerza.

Así que las invito a quererse y abandonarse en el ejercicio de no hacer nada, seguro van a descubrir un mundo maravilloso que no habían vislumbrado.

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Autor: Mónica María Moreno Mesa
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